La vida es un juego.
La alegría es el mundo de la libertad
A todos los tontos se les aparece la Virgen.
El consejo del padre capuchino: con todo lo que comas, vino.
Haz lo que el cura dice y no hagas lo que el hace.
Puede uno entender como un ángel y seguirá siendo un demonio.
La tonsura el padre se las deja a los hijos.
El mejor sol es el que calienta hoy
Quien guarda su puridad, excusa mucho mal.
Comed bueno, cagad fuerte, que pronto vendrá la muerte.
Primero la obligación y luego la devoción.
El que veló, sondó y desconfió, jamás se perdió.
El mal que se vaya y el bien se nos venga.
El bien y el mal andan revueltos en un costal.
Madre no hay más que una.
Hermanos hay tanto por hacer!
Al hombre osado, la fortuna le da la mano.
Quien la verdad dice: ni peca, ni miente.
El que guarda, halla.
La religión está en el corazón, La religión es la poesía del corazón
El que pide y no da, siempre algo tendrá.
Una huésped llega con diez bendiciones, come una y deja nueve.
Dar y quitar, derechito al infierno sin descansar.
Algo tiene la fea, por donde el galán la desea.
Hay una gran fuerza escondida en una dulce orden.
El tiempo descubridor de todas las cosas.
Desde los tiempos de Adán, unos calientan el horno y otros se comen el pan.
El momento elegido por el azar vale siempre más que el momento elegido por nosotros mismos.
A quien mucho tememos, muerto le queremos.
Leal El amigo, al bien y al mal se para.
Tu hablar te hace presente.
Quien da no debe acordarse; quien recibe no debe olvidar nunca
Don sin Din, gilipollas en latín.
Muchos saben el precio de algo, pero no su valor. Pues hay cosas que no tienen precio cuyo valor es incalculable.
La fortuna enloquece a lo mismos que favorece.
El hombre donde nace, el buey donde pace.
A bien obrar, bien pagar.
A quien dices tu secreto, haces tu dueño.
Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para siempre.
No juzgues a tu amigo sin haberte puesto antes en su lugar
Nadie fue escaso para quien bien quiso.
La muerte todo lo ataja.
Mano de santo cura como por encanto.
El dueño de la casa es el criado del huésped.
Cada uno es artífice de su ventura.
El burro sabe a quien tumba y el diablo a quien se lleva.
Come santos, caga diablos.
No todo el que trae levita es persona principal
A la mujer bailar, y al asno andar y rebuznar; faltando quien, el diablo se lo ha de enseñar.
Más trazas inventa en cinco minutos una mujer, que el Diablo en un mes.