Al buen corazón la fortuna le favorece.
Lo que nada nos cuesta hacerlo fiesta.
En casa del herrero cuchillo de Embero.
Todo en la vida tiene su medida.
Grano a grano, se llena el granero.
Una pulgada de tiempo es una pulgada de oro.
Abanico calañés cuesta dos cuartos o tres.
Seso tiene de borrico quien vive pobre por morir rico.
Dios da pañuelo al que no tiene narices.
Ir de mal en peor, no hay cosa peor.
Lo mío, mío; y lo tuyo, de entrambos.
A cuentas viejas, barajas nuevas.
A Dios, lo mejor.
Cada pelo hace su sombra en el suelo.
A medida del santo son las cortinas.
Ojo al Cristo que es de plata.
Un duro y un vaso de buen vino son los mejores amigos, y en caso de mucho apuro, si no tienes el vaso, ten el duro.
Ninguna cosa hay tan dura que el tiempo no la madura.
Chapucero es el barbero que deja rasposo el cuero.
El que tenga tienda, que la atienda.
La buena ocasión, propicia al ladrón.
Amor, viento y ventura, poco dura.
Quien manda, manda y cartuchera en el cañón.
El que no tiene buey ni cabra, toda la noche ara.
Mi nuera es tan elegante, que hasta para fregar se pone guantes.
Bigote al ojo, aunque no haya un cuarto.
Amigos, amigos, pero la cebada a dos reales.
De buenas intenciones, está empedrado el infierno.
Fiesta sin comida, no es fiesta cumplida.
Hay que dar el todo por el todo.
Del santo me espanto, del pillo, no tanto.
Hombre refranero, hombre de poco dinero.
Por la plata baila el mono.
A ver a un velorio y a divertirse a un fandango
Dos es compañía, tres multitud.
Idos y muertos es lo mesmo.
Cada día sale el sol, se vea o no.
Cuando llueve y hace sol, sonríe Nuestro Señor.
Del uso viene el abuso.
Las flores y la ocasión, son de poca duración.
No desprecies a quien poco es, que algún días mucho podrá ser.
Mozo sermonero o no tiene novia o no tiene dinero.
Acá o allá mira siempre con quien vas.
Las cartas y las mujeres se van con quien quieren.
Durar menos que un caramelo a la puerta de una escuela.
La oportunidad se escapa por los pelos.
Juez que de la equidad es amigo, ese quiero yo para mi litigio.
Caballo chiquillo, siempre potrillo, caballo grande aunque no ande.
El niño engorda para vivir, y el viejo para morir.
La hija paridera, y la madre, cobertera.