Al hijo del rico no le toques el vestido.
Dame rojura y te daré hermosura.
Para bien estar, mucho hay que andar.
Dilatar la cura y pedir para la untura.
Altramuces, cuando secos, amargos, y cuando mojados dulces.
Las palabras son como las hojas, cuando más abundan poco frutos hay entre ellas.
Ni firmes sin leer, ni hables sin ver.
El muerto cuando lo cargan se hace el pesado.
Dame aficionado al juego y yo te daré borracho y mujeriego.
A tu mujer no la alabes, lo que vale tú lo sabes.
La fortuna al temeroso desprecia y al osado ayuda.
Casamiento sin engaños uno cada diez años.
Buena cara dice buen alma.
En prisión y enfermedad, se conoce la amistad.
Por hacer rico a mi yerno, me fui al infierno.
Tú que querías y yo que tenía ganas, sucedió lo que el diablo deseaba.
El agua que en otoño corre, es la que te saca de pobre.
A misa, no se va con prisa.
Comprar a alforjas y vender a onzas.
Hay de todo en la viña del Señor.
Riña por San Juan, paz para todo el año.
El casado por amor vive vida con dolor.
Da y ten, y harás bien.
Difunto que hace tanto bien, requiestcant in pace, amén.
Tras cada pregón, azote.
Una vez te casarás, pero mil te arrepentirás.
Buen abogado, mal cristiano.
Juego mayor quita menor.
Quien no da aquello que ama, no recibe lo que ansía
Amistad por interés, no dura porque no lo es.
Ninguno se alabe de hacer lo que no sabe.
Nadie bien ha valorado, lo que nada le ha costado.
Don Din nunca parece ruin.
El hombre no ha de ser de dichos, sino de hechos.
Quien da el consejo, da el tostón.
Quien la verdad dice: ni peca, ni miente.
En tierra de abrojos, abre los ojos.
Casa de Dios, casa de tos.
Caballo que no sale del establo, siempre relincha.
Se empieza por avergonzarse de un vicio y se acaba alardeando de él
Solo deja para los demás lo que no quieras hacer tú mismo.
Jóvenes a la obra, viejos a la tumba! Manuel
Ayúdate y te ayudaré.
El que canea, no calvea.
El ocio no quede impune; quien no trabaje, que ayune.
Cuando el pobre lava, llueve.
Mientras mi vecina sea boba, ¿quién me manda comprar escoba?.
Ausentes y fallecidos, ni éstos bien amados, ni aquellos bien venidos.
La memoria de los justos es una bendición, pero la fama de los malvados será pasto de los gusanos.
Las desgracias no entran nunca por la puerta que les hemos abierto