Juegos de manos, ni a los piojos les son gratos.
Adonde hay más. Adonde no está su dueño, allí está su duelo.
Quien hace los mandados que coma los bocados.
A tres azadonadas, sacar agua.
Belleza y dinero, primero lo postrero.
Repara en la casa ajena, y hallarás chica tu pena.
El que da lo que tiene en vida, que coja la bolsa y pida.
En el juego del poder no se trata con quien se desea, sino con quien hay necesidad.
Enfermedad larga, cruz a la espalda.
Madeja enredada: quien te madejó, ¿por qué no te devanó?.
A quien se viste de lo ajeno, le desnudan en concejo.
Perdona el error, pero no lo olvides.
Resbalon y tropezon, avisos de caída son.
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.
La mano perezosa, pobre es.
Más maestra es la adversidad que la prosperidad.
Quien castiga con ira, más se venga que castiga.
A quien se siente en cada pena, nunca le falta qué le duela.
Tanto se pierde por carta de más como por carta de menos.
Los amores se van, los dolores se quedan.
De cuentos suele irse a chismes.
Juzga al hombre por sus acciones y no por sus doblones.
Beatas con devoción, las tocas bajas y el rabo ladrón.
Juramentos de enamorado no valen un cornado.
Apunta y da y la cuenta te saldrá; da y apunta, y no te saldrá nunca.
Fuerte desdicha es, no aprovecharse de la dicha.
Siempre le dan habas al que no tiene muelas.
Lo que sea que suene.
El ruin cuando más le ruegan, más se ensancha.
Mal puede cumplir el pobre con la palabra dada.
Miente tu por mi, y yo jurare por ti.
Caza, guerra y amores, por un placer mil dolores.
Jugador de mingo, pagador de mesas de domingo a domingo.
Cada cual es dueño de su miedo.
A falta vieja, vergüenza nueva.
Riñen los ladrones y descúbrense los hurtos a voces.
Casa con dos puertas, mala es de guardar.
A palabras necias, bofetones.
Quehacer trabajoso, quita alegría y reposo.
El que da y quita, con el diablo se desquita.
Beber por lo ancho y dar de beber por lo estrecho.
Todo cojo le echa la culpa al empedrado
Consejos a viejas y pláticas a gitanos, trabajos vanos.
Muchos hijos, riqueza do pobre.
De cintura para arriba todos santos, y de cintura para abajo todos diablos.
Ahí lo tienes, si te condenas, que te condenes.
Hija que se casa, la casa paterna arrasa.
De la naranja y la mujer, lo que ellas den.
Cuando hay lealtad y franqueza, las cartas sobre la mesa.
Amistad entre desiguales, poco dura y menos vale.