Hombre casado, burro domado.
Ortiga me quemó y mastranzo me sanó.
Trabajar es virtud; pero trabaja tú.
El santo ausente, vela no tiene.
Una cosa piensa el borracho, y otra el cantinero.
Reloj y campana, muerto mañana.
Lágrimas y suspiros, mucho desenconan el corazón dolorido.
Roer siempre el mismo hueso
La más cauta es tenida por más casta.
Ni comer sin beber, ni firmar sin leer.
Sapos cantando, buen tiempo barruntando.
Cuanto en tu casa me metí, mejor callar lo que vi.
A la una, que bien que mal, en cada casa comido han.
Viendo al payaso, soltando la risa.
Todas las horas hieren. La última mata.
Del reir viene el gemir.
Hacienda de muchos, los lobos se la comen.
Palabras blandas te pondrán en andas.
A por uno voy, dos vengais, si venís tres, no os caigáis.
Quien se excusa se acusa.
El caracol donde nace, pace.
El que presta no mejora.
En Abril y en mayo no dejes en la casa el sayo.
Mente sana, cuerpo sano.
Quien para ir a rezar duda entre dos mezquitas, terminará por quedar sin rezar.
El que nada tiene, nada vale.
Majada forera, sestil de verano, quien aquí te puso, mal sabe de ganado.
Al que madruga Dios le ayuda, si madruga con buen fin.
Refranes viejos, recortes del evangelio.
A la boda del herrero, cada cual con su dineo.
Incluso el día más largo tiene un final
La verdad padece, pero no perece.
Dale limosna mujer, que no hay en la vida cosa más mala, que la pena de ser ciego en Granada.
Al amigo reconciliado, con un ojo abierto y el otro cerrado.
Los hombres, a la vejez, tornan a la niñez.
El que tenga hacienda, que la atienda o que la venda.
A quien le roba al ladrón, le concede Dios perdón.
A la iglesia no voy porque estoy cojo, y a la taberna, poquito a poco.
Quien ya muerto el burro pienso le echó, tarde acordó.
Buena compañía, Dios y Santa María.
Un amigo es como una fuente de agua durante un viaje largo.
Otoño entrante, barriga tirante.
Donde nada nos deben, buenos son cinco dineros.
La miseria pronto alcanza, a quien despacito avanza.
El hábito no hace al monje.
Tu colmenar no catar, hasta no vendimiar.
A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
El ratón que no tiene más que un agujero, presto llega al moridero.
El asno del gitano, en viendo el palo alarga el paso.