Ni amigo reconciliado, ni café recalentado.
Premio del trabajo justo, son honra, provecho y gusto.
Chanzas y danzas, no llenan panza, tajada buena si la llena.
El que mucho abarca, poco acaba.
Almuerza bien, come más, cena poco y vivirás.
El buen saber es callar, hasta ser tiempo de hablar.
Boca que mucho se abre, o por sueño o por hambre.
Perdona, antes de que el sol se ponga.
Agua de bobos, que no llueve, y nos calamos todos.
Más quiero cardos en paz, que no salsa de agraz.
Las penas, o acaban, o se acaban.
Ausencia al más amigo, pronto lo pone en olvido.
Carga que place, bien se trae.
El que está, y no está por su gusto, que se joda es justo.
Dios da a cada hombre un gran predio: el tiempo.
Tres pocos valen más que muchos: poco sol, poca cena y poca pena.
El corazón sospechoso no tiene reposo.
Paciencia, hermanos y moriremos ancianos.
Modesto obsequio que encierra gran afecto.
Para volver a la buena senda, cualquier hora es buena.
La abadesa más segura, la de edad madura.
A casa del amigo rico, irás siendo requerido, y a casa del necesitado, irás sin ser llamado.
Dios aprieta pero no ahoga.
Hombre estudioso, vale por cien perezosos.
A espalda vuelta, no hay respuesta.
Amo recorrer las praderas. Entonces me siento libre y soy feliz. Si tuviéramos que vivir en casas, palideceríamos y moriríamos.
Pecado callado, medio perdonado.
Casa hecha, bolsa deshecha.
Hacer la del capitán Araya; embarcar a los demás y quedarse en la playa.
Barriga llena, aguanta trabajo.
Quien lleva toda su vida a su mujer sobre la espalda, cuando la deja en el suelo, ella dice: ¡Estoy fatigada!.
En casa de mi vecino, cuando no hay para pan, hay para vino.
Dios da mocos al que no tiene pañuelo.
Rodar hacia abajo, no cuesta trabajo; rodar para arriba, eso sí que cuesta fatiga.
Hazte la fama y échate a la cama.
Año bisiesto, echan en ganados el resto.
A quien presta nada le resta.
Deseando bienes y aguantando males, pasan la vida los mortales.
El bien que hicimos en la víspera es el que nos trae la felicidad por la mañana...
Yerro es tomar oficio ajeno y dejar el propio.
Aprovecha el tiempo, que vale cielo.
Una hora de alegría, compensa diez malos días.
No hay como quitarse de en medio para dejar de ser imprescindible.
A hombre recién levantado, ni le propongas negocios ni le pidas un prestado.
El hombre pone y la mujer dispone.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
Bien se guarda lo que trabajando se gana.
A la sombra del que camina se para el que está gateando.
Despacito y buena letra.
Dulce y vino, borracho fino.