Lo que fue ayer, ya no será; que el tiempo no anda para atrás.
La diligencia es la madre de la buena forma.
Caldera observada no hierve jamás.
Por sus pasos contados, va el ladrón a la horca, y todos a la muerte vamos.
No se bañaba y se bañó, su mujer se lo pidió.
Buena es la regla, si la regla es buena.
El que no tiene mujer, bien la castiga, y el que no tiene hijos, bien los cría.
Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar.
Al gorrino y al melón, calor.
La muerte lo mismo come cordero como carnero.
Cuesta arriba o cuesta abajo, echa siempre por el atajo.
No hay pero que valga.
El que apura su vida, apura su muerte.
Quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda.
Ítem de lista viñeteada
Trabajo empezado está medio hecho
Bendita sea el agua, por sana y por barata.
Donde me va bien, ésa mi patria es.
De boca para fuera.
El hombre después que le roban, pone candado.
Hasta para encender lumbre hay que tener costumbre.
Quien lo ha de hacer, no lo dice.
Los dioses ayudan al que trabaja
El toro y el vergonzoso poco duran en el coso.
Ya vienen los dos hermanos, Moquita y Soplamanos.
El hijo que quieras más, ése se te irá en graz.
Es estólido quien toma, la sátira como broma.
La agonía es larga pero la muerte es segura.
Cuenta por bienes los males que no tienes.
Las palabras son las hojas, los actos son los frutos.
Aceite de oliva, todo mal quita [usado en emplasto].
Pregunta lo que no sepas y pasarás por tonto unos minutos; no lo preguntes, y serás tonto la vida entera.
Casa sin gobierno, semejanza del infierno.
Ni virtud en la juventud, ni en la vejez salud.
Aceite de oliva, todo el mal quita.
Las palabras se las lleva el viento.
El día tiene ojos, la noche tiene oídos.
Las deudas de cariño, solo con amor se pagan.
No hay mayor emoción que la de volver al lugar en que se nació.
Los padres a brazadas, y los hijos, a pulgadas.
Mujeres y avellana, muchas salen vanas.
No bastan estopas para tapar muchas bocas.
No cierres una puerta, si no has abierto otra.
El hombre apercibido medio combatido.
Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas.
Ofrecer el oro y el moro.
El que tenga rabo de paja, no se arrime a la candela.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
Un momento es más valioso que miles de piezas de oro.
Ve donde no te llaman y volverás con las orejas gachas.