Lo que me debe Juan no me lo puede pagar; pero si se muriera, menos pudiera.
El caballo la pistola y la mujer nunca se prestan.
El canalla es el que hace el agravio, no el que lo soporta.
El que para mear tiene prisa, termina por mearse en la camisa.
Para el hierro ablandar, machacar y machacar.
Paga lo que debes; que lo que yo te debo, cuenta es que tenemos.
A la hija, tápala la rendija.
El que huye, obedece.
Codicia mala, el saco rompe.
No hables mal de las mujeres si te espera una en casa.
El que pueda ser libre no sea cautivo.
Quien menos procura, alcanza más bien.
Cuando no hay calor en el nido, lo busca afuera el marido.
Siéntate a la puerta de tu casa a esperar, y verás el cadáver de tu vecino pasar.
Por las calles de Levante, el diluvio y la inundación, hacen en otoño su aparición.
Hay más días que ollas.
Es el tercero en discordia.
A quien no le sobra pan, no críe can.
Jamón cocido en vino, hace al viejo niño.
Cuando te convida el tabernero, te convida con tu dinero.
Al que le caiga el sayo, que se lo ponga.
El que se ríe a solas de su maldad se acuerda.
A "idos de mi casa" y "qué queréis con mi mujer" no hay que responder.
Al comer chorizos, llaman buenos oficios.
Perro en barbecho ladra sin provecho.
Yerros por amores, merecen mil perdones.
Quien acepta demasiados regalos vende cara su libertad
Llevar y traer, de todo ha de haber.
No hay más chinche que la manta llena.
La ocasión hace al ladrón y el agujero al ratón.
Paso a paso se hace camino al andar.
Rascar y comer comienzo ha menester.
No hace tanto daño la zorra en un año, como paga en un día.
Solo en la actividad desearás vivir cien años.
Buenas palabras y buenos modos dan gusto a todos.
Arrastrando, arrastrando, el caracol se va encaramando.
Quien no sabe, no vale nada.
Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena.
Quien mal casa, tarde enviuda.
Con la mujer y el pescado, mucho cuidado.
En arca de avariento, el diablo yace dentro.
El buen carpintero mide dos veces, corta una.
El dinero diario, es necesario.
La edad no juega ningún papel salvo en los quesos.
Rosquilla de monja, fanega de trigo.
"Los inviernos en Burgos, y los veranos en Sevilla", decía Doña Isabel, la gran reina de Castilla.
La flor caída no vuelve a la planta
Zurra que te zurra y así andará la burra.
Amor viejo, ni te olvido ni te dejo.
En caso de duda, que no sean ellas las viudas.