En tierra de abrojos, abre los ojos.
La mucha alegría y la mucha tristeza, muerte acarrean.
Mejor pocos truenos en la boca y más rayos en la mano.
Todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar.
A la mula vieja, alivialé la reja.
En la cárcel y en la cama, verás bien quien te ama.
Contra el nacimiento y la muerte no hay remedio.
Échale guindas al pavo.
Lo que se come desaparece, lo que se da con el corazón nos es devuelto aumentado
Abrazo de ciego, golpe seguro.
Todos los blancos tienen un reloj, pero jamás tienen tiempo.
De cada diez hombres favorecidos, cinco contentos y cuatro desagradecidos.
A heredad vieja, heredero nuevo.
Fortuna te de Dios, que el saber poco te basta.
Todo va a parar al dedo malo.
Con los años viene el seso, y se va el sexo.
En un momento, al fin del mundo te lleva el pensamiento.
No acose, que la están peinando.
Ninguna mortaja, es grata ni maja.
Zapatero a tus zapatos.
Mujer con bozo, beso Sabroso.
Perro que ladra, guarda la casa.
Te perdono el mal que me haces nomás por lo bien que me caes.
Rogar al Santo, hasta pasar el tranco.
El que veló, sondó y desconfió, jamás se perdió.
El que ríe el último, ríe mejor.
Dádivas y buenas razones, ablandan piedras y corazones.
A rocín viejo, cabezada nueva.
Frío por Navidad; calor desde San Juan.
No hay caballo, por bueno que sea, que no tropiece algún día.
La mujer y la guitarra, antes de usarla, templarla.
A quien te hizo beneficio, está siempre propicio.
Poco se gana hilando pero menos mirando.
A la moza que ser buena, y al mozo que el oficio, no les puede dar mayor beneficio.
No existe cosa escondida que con el tiempo no sea bien sabida.
Cochino fiado, gruñe todo el año.
Aquel a quien mil dedos acusadores señalan, muere sin estar enfermo.
Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.
Quien no es para más, de hambre en su tierra perecerá.
Amigos, amigos, pero la cebada a dos reales.
Cuando hago la escobada, nadie entra en mi morada.
Unas veces riendo y otras llorando, vamos pasando.
No hay viejo sin dolor.
Rostro, del fuego; piernas, del río; y del pecho aparta el frío.
Contigo no quiero tratos, pero con tu hermano sí, que me paso buenos ratos.
El que pestañea pierde.
A diente cogen la liebre.
A la zorra, candilazo.
Libro prestado, libro perdido.
De todos olvidado, muerto y no enterrado.