Jeremías llora sus penas y no las mías.
Vísteme despacio que estoy de afán.
Casa de concejo, pajar de viejo.
Tripas llevan corazón, que no corazón tripas.
El que ama el peligro, en él perece.
Costumbres de mal maestro sacan hijo siniestro.
Los estudiantes de Zen, deben aprender a perder el tiempo conscientemente.
Tantos trabajos y a la vejez andrajos.
Caballo que a treinta pasos ve una yegua y no relincha es que está malo o le aprieta la cincha.
Cuidados ajenos, matan al asno.
El ceremonial es el humo de la amistad
Esto es como quitarle un caramelo a un niño.
Cerca de la iglesia, lejos de Dios.
El que depende de la mesa de otro, con frecuencia cena tarde.
Líbrame de estar sudado del aire encallejonado.
A quien da y perdona, nácele una corona.
El que tiene bien y su mal escoge, de lo que le venga no se enoje.
Muchachada discretas, no muestran las tetas.
El que rompe, paga.
Desde que se inventaron las excusas, se acabaron los pretextos.
No siempre huye el que vuelve la espalda
Abre la puerta a la pereza y entraren tu casa la pobreza.
Pierde el hablar lo que ganó el callar.
Con promesas no se cubre la mesa.
Arrastrando, arrastrando, el caracol se va encaramando.
O con el mundo o con Dios; pero no a la par los dos.
El dolor embellece al cangrejo.
El que de joven no es acucioso, llegado a viejo en vano se lamentará.
De las palabras, no el sonido sino el sentido.
Súfrase y no se reprenda lo que excusar no se pueda.
Al bueno buscarás y del malo te apartarás.
No hay mano que pueda para el tiempo
Nunca se olvidan las lecciones aprendidas en el dolor.
El que se emperra se emperra, el que se enchila se enchila, y el que se encula se chinga.
Ay del que muere, que el vivo enseguida se apaña con lo que puede.
Asno que entra en dehesa ajena, volverá cargado de caleña.
Lo pendejo y las reumas con lo vieja se acentúan.
A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.
No se escarmienta, mi viejo, sino en el propio pellejo.
Botella vacía y cuento acabado, no valen un cornado.
Quien lleva fuego en su corazón, acaba por ahumar su cerebro.
Yo le digo que se vaya y él desátase las bragas.
El muchacho que es llorón y tú que me lo pellizcas.
Ahora adulador, mañana traidor.
Decir, me pesó; callar, no.
Depende de cómo caigan las cartas
El que va a la bodega y no bebe, buena vez se pierde.
A quien de bailar tiene gana, poco son le basta.
De Gumiel, ni ella ni él; y si es de Izán, ni aún el pan.
Palos con gusto no duelen.