Quien en ti se fía, no le engañes.
Casa de concejo, pajar de viejo.
El pastor que se acuesta con sus abarcas, cuando se despierta no se las calza.
Vísteme despacio que estoy de afán.
El ceremonial es el humo de la amistad
Tripas llevan corazón, que no corazón tripas.
Los estudiantes de Zen, deben aprender a perder el tiempo conscientemente.
Caballo que a treinta pasos ve una yegua y no relincha es que está malo o le aprieta la cincha.
Tantos trabajos y a la vejez andrajos.
Costumbres de mal maestro sacan hijo siniestro.
Líbrame de estar sudado del aire encallejonado.
Cuidados ajenos, matan al asno.
Cerca de la iglesia, lejos de Dios.
El que depende de la mesa de otro, con frecuencia cena tarde.
Esto es como quitarle un caramelo a un niño.
No siempre huye el que vuelve la espalda
A quien da y perdona, nácele una corona.
Abre la puerta a la pereza y entraren tu casa la pobreza.
Desde que se inventaron las excusas, se acabaron los pretextos.
El que rompe, paga.
El que tiene bien y su mal escoge, de lo que le venga no se enoje.
Pierde el hablar lo que ganó el callar.
Con promesas no se cubre la mesa.
O con el mundo o con Dios; pero no a la par los dos.
Muchachada discretas, no muestran las tetas.
El dolor embellece al cangrejo.
El que se emperra se emperra, el que se enchila se enchila, y el que se encula se chinga.
El que de joven no es acucioso, llegado a viejo en vano se lamentará.
Súfrase y no se reprenda lo que excusar no se pueda.
No hay mano que pueda para el tiempo
Al bueno buscarás y del malo te apartarás.
Nunca se olvidan las lecciones aprendidas en el dolor.
Arrastrando, arrastrando, el caracol se va encaramando.
De las palabras, no el sonido sino el sentido.
Asno que entra en dehesa ajena, volverá cargado de caleña.
Ay del que muere, que el vivo enseguida se apaña con lo que puede.
Lo pendejo y las reumas con lo vieja se acentúan.
Botella vacía y cuento acabado, no valen un cornado.
Quien lleva fuego en su corazón, acaba por ahumar su cerebro.
Yo le digo que se vaya y él desátase las bragas.
A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.
El muchacho que es llorón y tú que me lo pellizcas.
Decir, me pesó; callar, no.
No se escarmienta, mi viejo, sino en el propio pellejo.
El que va a la bodega y no bebe, buena vez se pierde.
Depende de cómo caigan las cartas
Ahora adulador, mañana traidor.
A quien de bailar tiene gana, poco son le basta.
De Gumiel, ni ella ni él; y si es de Izán, ni aún el pan.
El corazón humano se asemeja al barco que navega sin vela. Rara vez, frente a los vientos, encuentra su camino