Al bobo, múdale el juego.
A mucho porfiar, ¿quién se resiste?.
Me basta un rincón junto a la chimenea, un libro y un amigo, un sueño breve, no atormentado por las deudas
El que se pinta de bueno, o es tonto o tiene veneno.
Al que va a la bodega, por vez se le cuenta, beba o no beba.
A la mujer y a la cabra, la cuerda larga.
La casta Susana, que enterró a tres maridos y aún le quedan ganas.
Dios da barbas, al que no tiene quijada.
Barba roja, mucho viento porta.
Cuando el tecolote canta el indio muere, esto no es cierto pero sucede.
La zorra cambia su pellejo; pero no sus mañas.
Cien amigos son pocos; un enemigo es mucho.
Amor, tos y dinero, llevan cencerro.
Me agarro hasta de un clavo ardiendo.
A la lengua y la serpiente hay que temerles.
Como el perro del hortelano, ni come ni deja comer.
Lo comido por lo servido.
Lecho y pan tener seguros, aún cuando sean algo duros.
Gato enratado no quiere pescado.
Quien desprecia, comprar quiere.
Gorrino que en la mesa chilla, ya está oliendo a morcillas.
Ni lleves cohecho, ni sueltes derecho.
Abogadito nuevo, perdido el pleito.
Candil que no tiene mecha, no aprovecha.
El ignorante y el ciego caminan a tiento.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
El que está cerca de la vaca, algo mama.
Quien se viste de mal paño, dos veces se viste al año.
Al burro el palo y a la mujer el regalo.
Cual es el hombre, tal su fortuna y nombre.
Amo bravo y mozo harón, a cada rato cuestión.
?Sin tigres en el monte, el mono es rey.
Un hombre ocioso es compañero de juegos del diablo.
El que de refranes se fía, no llega bien al mediodía.
Solo hay tres cosas que conviene hacer aprisa; huir de la peste, alejarse de las querellas y cazar pulgas.
Ávila, santos y cantos.
Cuando el Mapou (roble-árbol) muere, las cabras se comen sus hojas.
Palabra o piedra suelta, no tienen vuelta.
Yo me atraco de jamón, y el envidioso sufre la indigestión.
Como el burro del aguador, cargado de agua y muerto de sed.
Quien discretamente se cura, más dura; quien se cura y se curetea, su muerte desea.
Casa que al amanecer no está abierta, es colmena muerta.
Los pajaritos de arriba, siempre se cagan en los de abajo.
Cuando menos te lo esperas salta la liebre.
Su ladrido es peor que un mordisco
Más mató la cena que sanó Avicena.
El jorobado no ve su joroba, sino la ajena.
Cuando la culebra canta, señal de agua.
El que a mi casa no viene, de la suya me despide.
Quien muerte ajena desea, la suya se le acerca.