De juergas, pendencias y amores, todos somos autores.
El hombre puede hacer mucho, pero la belleza más
Cuando la paja se mete en el pajar, las mocitas ya pueden trasnochar.
Dinero no falte, y trampa adelante.
¿Dónde vas Vicente?. Donde va la gente.
Júntate, que junto estabas.
El necio cree que todo lo sabe.
Me importa un comino.
Yerros de amor, dignos son de perdón.
El barro se endurece al fuego, el oro se ablanda.
La mar y a la mujer, de lejos se han de ver.
Con palabras y más palabras no se llena la media fanega.
Por los santos, la nieve el los altos y el frío en los campos.
Llámome carrasco y donde me pica me arrasco.
Los dueños de casa activos hacen a los inquilinos cuidadosos.
Donde uno piensa, otro sueña.
A la burla dejarla, cuando más agrada.
Hurtar para dar a Dios, solo el deminio lo aconsejó.
El que da algo a un hombre bueno hace una buena venta.
Para el mal peón, no hay buen azadón.
Ser rico y privarse, no es ser rico, sino guardián de equipajes.
El más excelso conquistador es el que vence al enemigo sin descargar ningún golpe.
Dentro del cielo tú forjas tu designio. Lo decretarás: ¿acaso te hastíes y aquí nos escondas tu fama y tu gloria en la tierra? ¿Qué es lo que decretas?
Ni higos sin vino, ni pucheros sin tocino.
Los rusos no temen a la cruz pero si al garrote.
Todo lo que se come, vino quiere; el agua, para las ranas y los peces.
Bebo poco, más quierolo bueno.
Contra los males de amor, cucharadas del olvido, con fomentos de otro amor; pero.
En caso de duda, que no sean ellas las viudas.
Médico y confesor, cuanto más tarde mejor.
Los mejores negocios se hacen entre susurros.
Si eres un burro teñido, cuando llueva estarás perdido.
La mujer que no se casa, se seca como una pasa.
Juez de malas artes es el que no escucha a las dos partes.
El que recibe todas las pedradas se pone el escudo.
Saca tu cruz a la calle, y verás otras más grandes.
Variante: Vale más rodear, que mal pasear.
La oportunidad no toca dos veces a la misma puerta.
Hay momentos en que hasta el tigre dormita.
Hijos casados, duelos doblados.
La que de comer con su marido rehusa, no está en ayunas.
Carta cerrada, si no la abres no dice nada.
El elefante muerto deja sus colmillos; el tigre, su piel; y el hombre, su nombre
La fortuna es un cristal; brilla pero es frágil.
Quien sus bienes da en vida, merece que le den con una porra en la barriga.
El que no habla, no yerre.
El que con locura ama, nunca llega hasta la cama.
El mismo cuchillo me parte el pan y me corta el dedo.
A cualquiera se le muere un tío.
Hay que desconfiar siete veces del cálculo y setenta veces del calculador.