La mula arisca a la larga, se va enseñando a la carga.
La habilidad del barbero consiste en dejar patilla donde no hay pelo.
Tras cada bocado, un trago, sería demasiado; pero tras cada tres, justo es.
Invierno que mucho hiela, cosecha de fruto espera.
Te ocultas tras una red y crees que ninguén te ve.
A casa nueva, puerta vieja.
Bolsa, mujer y espada, no quiere andar prestada.
No hay casa donde no haya su calla, calla.
En soledad y recuerdo, consuelo es "Manuela Izquierdo".
Para el mozo, moza hermosa. Para la moza, mozo gracioso.
El que ama a una casada, puede morir de cornada.
Septiembre, o seca las fuentes o se lleva los puentes.
Del reir viene el gemir.
En viernes ni en martes, ni tu casa mudes, ni tu hija cases, ni tu viña podes, ni tu ropa tajes.
Buen oficio es no tener ninguno.
Lo que Dios no da, Salamanca no presta.
Charlando y andando, sin sentir se va caminado.
Al que muere en el barco, le reclama el charco.
Más deberás a un buen hermano que a un mal cuñado.
Amores reñidos, los más queridos.
Con dificultad se guarda lo que a muchos agrada.
El mosquito no se apiada del hombre, por más flaco que esté.
El que debe y paga, descansa.
Palabras son cosa fría para el que aún de las obras no fía.
Las cañas se vuelven lanzas.
Dios da la harina y el Diablo la maquila.
Pariente que no me luzca, un rayo que lo desmenuzca.
El amor mueve montaña.
La carne triste, no la quiere ni Cristo
Quien hace un cesto hace cien.
Hay burros que su bien no conocen, y cuando les rascan dan coces.
Nadie puede huir de lo que le ha de venir.
Caro compro y barato vendo; si tú no me entiendes, yo me entiendo.
El que arcoiris ve, no se morirá de sed.
En casa del pobre, ni vino ni odre.
Quien no mira el derrotero, es majadero.
¡Quien sabe cuántos enemigos tienes en torno a la mesa!.
Debajo del buen sayo está el hombre malo.
Mi secreto, en mi pecho.
El llanto sobre el difunto.
Haz buena harina y no toques bocina.
Guarda pan pa Mayo y hierba pa' tu caballo.
Hablar con el corazón en la mano.
Poda tarde y siembra temprano, si errares un año acertarás cuatro.
Allá vayas, casada, donde no halles suegra ni cuñada.
Quien se aconseja a sí mismo se enfada
Se quedó a vestir santos.
La que no pone seso en la olla, no lo tiene en la toca.
Fiado has, tu pagarás.
Dámelo perezoso, y te lo daré vicioso.