¿Cómo hay que vivir al lado de la gente? ¿Obra desconsideradamente, vive, el que sostiene y eleva a los hombres?
Mejor es un hombre cuya charla permanece en su vientre, que el que la prefiere de manera injuriosa.
Dar una en el clavo y ciento en la herradura.
Pasar de largo te conviene en lo que ni te va ni te viene.
Señor por señor, el padre es el mejor.
Pan candeal no hay otro tal.
La palabra hablada escrita perece; la palabra escrita perdura.
Quien no tiene quiere más.
En casa del pobre, todos riñen y todos tienen razón.
Jabón y buenas manos sacan limpios paños.
Quien más tiene, más quiere.
Al afligido, su trabajo basta sin que otros le añadan.
Ningún hombre vale más que otro si no hace más que otro
El tonto ni de Dios goza.
¡Cómo sufre mi pecho que late!
Con una palabra se repara una deuda de 1000 nyang.
Bien me quieres, bien te quiero; no me toques el dinero.
Lo comido por lo servido.
De cornudo o de asombrado, pocos han escapado.
Piénsate mucho a quien escoger como amigo, pero piénsalo aún más cuando decidas cambiarlo.
Amor, viento y ventura, poco dura.
El que trae , lleva.
Del harto al ayuno, no hay duelo ninguno.
Rey es el amor, y el dinero, Emperador.
Ira, miedo y celos fieros, son muy malos consejeros.
No hay boda sin doña Toda.
Entre locos me metí, y lo que sea de ellos, será de mí.
Es bien hermosa la que es virtuosa.
La adoración es una admiración trascendental
Cuídate si quieres que Dios te proteja
A borracho fino, primero agua y luego vino.
Cuando bebas agua, recuerda la fuente.
Hacienda de pluma, poco dura.
Lo que mece la cuna, hasta la muerte dura.
El amigo de todos es fiel a ninguno.
El afeite que más hermosea es la dádiva buena.
El que se queja, sus males aleja.
Seguido, seguido, hasta que pase el dolor.
Abre la boca que te va la sopa.
Quien bueyes ha perdido, cencerros se le antojan.
Conquista el amor solo aquel que huye
La situación está tan mala que si mi mujer se va con otro, yo me voy con ellos.
Soñar no cuesta nada.
Echarle mucha crema a sus tacos
Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para siempre.
La conciencia es cobarde y la culpa que no tiene fuerza para impedir rara vez es lo suficientemente justa como para acusar
La felicidad es como el dulce de azúcar, cuando se quiere, se hace.
Cambio de costumes, gran pesadumbre.
Despedida de borrachos.
Los labios del justo orientan a muchos; los necios mueren por falta de juicio.