La razón y la paciencia, al fin vencen la insolencia.
Los de Morón como son, son.
La mujer gentil, de un pedo apaga el candil.
A ninguno le da pena, comer cosita buena.
Lo escaso es siempre lo más bello.
El tiempo vuela, que se las pela.
Hasta el saber rebuznar tiene su poquito que estudiar.
Ni amor reanudado ni chocolate recalentado.
Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo.
Por Santa Catalina, la nieve se avecina.
Ni de mujer de otro, ni coces de potro.
De los míos me oirás, pero no me hablarás/dirás.
Cada uno dice quién es.
A tu enemigo fallecido, perdón y olvido.
Hasta la muerte, anda con pie fuerte.
El que a pueblo ajeno va a pretender, o va a dar perro, o a que se lo den.
Cuando no hay lomo, tocino como.
La dama que es distinguida, por sí sólita se cuida.
El que da dinero manda y el que no de pendejo anda.
Lo malo nunca es barato.
El más cruel fastidio, no vale un suicidio.
Insistir al que es porfiado, es llover sobre mojado.
A gran cabeza, gran talento, si es que lo tiene dentro.
La boca rige la tierra, pero el mar lo rige la mano.
Cada día es maestro del anterior y discípulo del siguiente.
A casa de mi novia llevé un amigo: él se quedó adentro y yo despedido.
Barbas mayores quitan menores.
El que a los veinte no es valiente, a los treinta no es casado, y a los cuarenta no es rico, es gallo que clavó el pico.
Si tu mujer trabaja, no tienes con que espantarla.
Aunque esté echado el cerrojo, duerme con un solo ojo.
La hermosa mujer, es una buena mujer.
Algo debe de querer quien te hace fiestas que no te suele hacer.
En cada tiempo, su tiento.
Más peligroso que una puñalada al hígado.
Los pájaros escuchan las palabras del día y las ratas las palabras de noche.
Siempre que ha de hablar un lisiado, en la puerta un jorobado.
De luengas vías, luengas mentiras.
Más vale mendrugo que tarugo.
Los cachos como los dientes duelen al salir, después se come con ellos.
Agua le pido a Dios, y a los políticos, nada.
El pan ajeno hace al hijo bueno.
Más vale amenaza de necio, que abrazo de traidor.
Bueno está lo bueno.
La buena mujer, con sus manos edifica su casa.
El llanto alivia el quebranto.
No hay cosa más rica, que rascar donde pica.
Belleza y dinero, primero lo postrero.
El que a pueblo extraño va a enamorar, va a que lo engañen o a engañar.
No hay mejor espejo que el amigo viejo.
Hablando a largo plazo muertos estamos todos.