A su costa aprende el necio, y a costa del necio el cuerdo.
En tiempo de verano, el capote con su amo.
Al caramelo y a los asuntos, darles su punto.
A toda ley, boñiga de buey; y si es flaca, boñiga de vaca.
Con ese cuello la jirafa, y un poquitito de maña, de los retoños más dulces, bien que se apaña.
A ese andar, llévalos mi baca.
Bebe el vino a discreción y no a boca de cangilón.
Aunque te chille el cochino, no le aflojes el mecate.
A la ocasión la pintan calva.
Lleva la burra la carga, más no la sobrecarga.
De las carnes, el carnero; de los pescados, el mero.
Saber uno los bueyes con que ara.
La boca hace deudas, pero los brazos pagan.
Rostro, del fuego; piernas, del río; y del pecho aparta el frío.
Al hombre y al caballo, no apurallo.
De quien habla a tiento, disparates sin cuento.
La oportunidad es calva, y hay que agarrarla por los cabellos.
A quien cuece o amasa, de todo le pasa.
Tira el buey, tira la vaca; más puede el buey que la vaca.
Si te queda el saco.
A cazuela chica, cucharadica.
Mano lavada, salud bien guardada.
Pocos pelos, pero bien peinados.
Cuando el burro mueve oreja, guárdate bajo teja.
A diente cogen la liebre.
Saber no va en las canas, ni valor en barbas.
Orejas de burro.
En cosas de su provecho, hasta el más tonto es cuerdo.
A quien te quiere bien, en la cara se le ve.
No eches toda la carne al asador.
El hombre se tuerce; pero no se rompe.
El que fía, o pierde o porfía.
A burra vieja, albarda nueva.
En la tierra de calvos, los pelones son trenzudos.
Sábele bien y hácele mal a mi borriquito hoja de nogal.
Nadie experimenta en cabeza ajena.
Dios da bragas a quien no tiene culo.
Jamón empezado, cada cual le tira un tajo.
A cabo de cien años, todos seremos salvos o calvos.
A bestia comedora, piedras en la cebada.
Caída, casamiento y catarro, tres ces que mandan al viejo a mascar barro.
El que mucho abarca, poco aprieta o se le cansan los brazos.
Está más pelao que las rodillas de un cabro.
Los hijos de los buenos, capa son de duelo.
Deja que el buey mee que descansa.
Castaña la primera y cuca la postrera.
Hacerse de la vista gorda.
Quien coma la carne, que roa el hueso.
Quien manda, manda y cartuchera en el cañón.
El rostro es el espejo del alma.