De las carreras nada queda, solo el cansancio.
Si amas algo, déjalo libre. Si regresa es tuyo.
La oprtunidad la pintan calva.
Zanahorias, no; cosas que unten la barba quiero yo.
Está en todo menos en misa.
El amor existe tanto bajo la lana como bajo la seda
Cerca le anda, el humo tras la llama.
Ama de cura, puta segura.
Cuando no hay lomo, tocino como.
No es bello lo que es caro, sino caro lo que es bello.
Al mal año, entra nadando.
Con la tripa vacía, no hay alegría.
La verdad es una, gústele a quien le guste o gústele a quien no le guste.
Bestia sin cebada, nunca buena cabalgada.
Debajo de la manta, tanto vale la negra como la blanca.
Al mal tiempo, buena cara.
Quien mucho duerme, legañas tiene.
De quien te habla y no te mira mientras haces alguna cosa espérate la traición.
Cumplidos entre soldados son excusados.
De todos los santos a adviento, mucha lluvia y poco viento.
Hasta la salud necesita descanso.
Como el burro del aguador, cargado de agua y muerto de sed.
Dios inventó la balanza, y el diablo la romana.
Tarde roja y negra mañana alegran al peregrino
El dueño de la vaca es el dueño del ternero.
Vale más tomar agua con un amigo que néctar con un enemigo
Cinco dedos son hermanos, no iguales.
Paga lo que debes, sanarás del mal que tienes.
Qué te crees la última chupada del Mango!
No hables en falso de un hombre; no separes el corazón de tu lengua.
Ni quito ni pongo rey.
No tropieza quien no anda.
Tragando aunque sea saliva.
Si uno pierde los labios, tendrá los dientes fríos.
La misa y el pimiento son de poco alimento.
El hombre tiene un origen y un destino... A menos que lo recuerde, perderá ambos.
Se nace llorando, luego se comprende el por qué.
Echéme a dormir y espulgóme el perro, no la cabeza sino el esquero.
Nadie extienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana.
Ladra de noche para economizar perro.
El amor del cobarde hace hombre para alarde.
Nadie plante haya para que de ella le hagan el pijama.
Quien con el perro se acuesta, con las pulgas se levanta.
A los años mil, vuelve la liebre a su cubil.
Quien con el viejo burlo, primero rió y luego lloró.
La prisa se tropieza en sus propios pies.
Nosotros, perros de casa, hemos matado a la liebre, dice el perro faldero.
Dime caldero, que el caldero me llevo.
No era nada la meada, y calaba siete colchones y una frazada.
Tus pies te llevarán allí donde esté tu corazón.