No abras los labios si no estás seguro de lo que vas a decir, es más hermoso el silencio.
Cuanto más vieja, más pelleja.
La paciencia es el puerto de las miserias.
La Cruz, la viña reluz.
La señora ostentación, echa la casa por el balcón.
Cortesía de palabra, o conquista o empalaga.
La burla, para quien le gusta.
Mientras novia, reina; cuando mujer, sierva.
Buena es la carne; buena es la cecina; mejor es la cocina.
Lo que llena el ojo, llena el corazón.
La alegría alarga la vida.
Qué satisfacción estar enamorado
Bebe y ata la bota.
Imaginación hace cuerpo de lo que es visión.
Vale más ser ralos que calvos.
Con pelito... no hay delito.
Hay ojos que de legañas se enamoran.
Hacer el bien, parecerse a Dios es.
Arte para lograr es el dulce hablar.
Muerte deseada, vida prolongada.
Mujer en la ventana, o puta o ENAMORADA.
Andar bien vestida hace a la moza garrida.
La envidia puede herir a lo que se tiene; pero no a lo que se es.
Una mujer es como un puro: hay que encenderla a menudo.
A mocedad sin vicio y de buena pasada, larga vejez y descansada.
La gloria del amante es la persona amada.
Hinca el pico, igual el feo que el guapo, y el pobre que el rico.
Quien bien quiere a Beltrán, bien quiere a su can.
El buen vino, en copa cristalina, servida por mano femenina.
La honestidad es un vestido de oro
Honra merece el que a los suyos se parece.
El buen mosto sale al rostro.
Buenas palabras no cuestan cobre y valen más que plata.
En corrillos de mucamas, se despelleja las damas.
Bien vestido, bien recibido.
De chica candela, grande hoguera.
Buena, por ventura; mala, por natura.
De las aves, la perdiz, y de las mujeres Beatriz.
A saya blanca, ribete negro.
A gran cabeza, gran talento, si es que lo tiene dentro.
Hay una gran fuerza escondida en una dulce orden.
Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas.
Por fin lo comprende mi corazón: escucho un canto, contemplo una flor: ¡Ojalá no se marchiten!
Zaragoza la harta, Valencia la bella, Barcelona la rica, Huesca la amena.
Mujer ordenada, con poco lleno su casa.
Quisiera ser una lágrima para nacer en tus ojos, vivir en tus mejillas y morir en tus labios.
La virtud es tan desdeñada como la riqueza estimada.
A los ojos que aman no les avergüenza mirar
No hay mayor beata que una puta arrepentida.
El que las sabe, las tañe.