Más fácil es ganar que conservar.
El gozo en el pozo.
Martillo de plata rompe puertas de hierro.
La juventud del viejo está en el bolsillo.
El buen hijo vuelve a casa y cuenta lo que le pasa.
La que se casa con ruin siempre tiene que decir.
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
Acabándose el dinero, se termina la amistad.
El hijo del asno dos veces rebuzna al día.
No te cases por dinero. A préstamo lo conseguirás mucho más barato.
Buena es la costumbre en el bien.
De la mano a la boca se pierde la sopa.
Uno puede llevar al caballo al agua, pero no lo puede hacer beber.
Muérome de hambre, de frío y de sed: tres males tengo, ¿de Cuál morir?.
No todas las preguntas merecen una respuesta.
Bebe agua de río por turbia que vaya, vive en la ciudad por mal que te vaya.
Al buen amanecer no te lo dejes perder.
Asna y pollino no llegan al molino.
Desayuna con los pobres, pero almuerza y cena con los ricos.
A ojo de buen cubero.
Grano a grano, con cautela. llena el buche la polluela.
El cuco y el sacristán, juntos de juerga se van.
Gana al que te quiere mal, y tendrás un amigo más.
El que no tranza no avanza.
A quien has de acallar, has de halagar.
No desees a la mujer del prójimo...date el gusto.
Mal puede cumplir el pobre con la palabra dada.
No metas a tu casa a quien te sacara de ella.
El hábito es una camisa de hierro.
Dos capitanes hunden la nave.
Real no saca real; es menester para trato más caudal.
Está oscuro debajo de la lámpara
Palabras claras, no necesitan explicaciones.
De casta le viene al galgo.
Agua del cielo no quita riego.
Más vale tender la mano que el cuello.
Piden de comer, piden de beber, afilan el diente, enjugan el vientre y ponen las mejillas coloradas: éstas son las cinco virtudes de las tostadas.
Dios al humilde levanta y al orgulloso quebranta.
Aun si el camino es conocido, pregunta.
Buenas noches y buenos días, y tú en tu casa y yo en la mía.
Al mal trabajador no le viene bien ningún azadón.
A quien paga adelantado, mal le sirve su criado.
Empieza a cuidar la naturaleza y la naturaleza cuidará de ti.
Alcanza, quien no cansa.
Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora.
Hombre que el bien no agradece solo el desprecio merece.
A pan duro, diente agudo.
El joven armado y el viejo arrugado.
Hombre bermejos, ni de cerca ni de lejos.
Hace la misma falta aquí que los perros en misa.