Pajaro que comió, voló.
Oye los consejos la vieja como el gotear de las tejas.
Cabra loca, desgraciado al que le toca.
Abril, sácalo de cubil; y dijo la buena vieja: lo mío al cenojil.
La abeja de todas las flores se aprovecha.
A buen santo te encomiendas.
Entre el honor y el dinero, lo segundo es lo primero.
Calenturas otoñales, o muy largas o mortales.
Hagas lo que hagas, no te olvides de las bragas.
Por puerta abierta ladrones entran.
Que cada cual se rasque con sus uñas.
Las aguas quietas, corren profundas.
Todos son unos, muertos y difuntos.
Andaluz con dinero y gallego con mando, y estoy temblando.
Para lograr fruto bueno, hay que abonar el terreno.
Quien en Febrero no escarda, ¿a qué aguarda?.
De grandes cenas, están las tumbas llenas.
Mujer ordenada, con poco lleno su casa.
Harto desatina quien a los sesenta años no adivina.
El venido es preferido, que el ausentado pronto es olvidado.
Amor fino y buena mesa no quieren prisa.
Da asistencia y cariño donde se necesite.
Hoy no se fía aquí, mañana sí.
No lo hurta, lo hereda.
La espuela chuza más bueno, cuando el caballo es ajeno.
Llevando y trayendo se pasa el tiempo.
Es el tercero en discordia.
Guardado está lo que guarda Dios; pero lo demás, no.
Entre la cuna y la sepultura no hay cosa segura.
Viste a la escoba y parecerá señora.
Para prosperar, vender y comprar.
La mujer con su marido, en el campo tiene abrigo.
Llegar y besar, suerte es singular.
Al mal pintor se le quedan calvos los pinceles.
Da y ten, y harás bien.
El que mucho habla, mucho yerra.
Labra bien y corta justo, y saldrá la obra a tu gusto.
Como canta el abad responde el monaguillo.
Agua de llena, noche de angulas.
Moza que mucho va a la plaza, alguna vez se embaraza.
Quien trabaja con pereza, nunca acaba lo que empieza.
Gana tiene de otra cosa la doncella que retoza.
Al mal pagador, plazo corto es lo mejor.
Buen hablar de boca, mucho vale y poco cuesta.
Es más tonto que mandado hacer de encargo.
Allá va la lengua do duele la muela.
Valentón y rufián, allá se van.
Aprende de maestro y vendrás a ser diestro.
Cuando la gana de joder aprieta, ni el culo de los muertos se respeta.
Buey sin cencerro, piérdese presto.