Tontos y locos, nunca fueron pocos.
Zapatitos de charol ni para el agua ni para el sol.
A la gallina apriétale el puño y apretarte va el culo.
El niño engorda para vivir, y el viejo para morir.
El café, en taza, y los toreros, en la plaza.
De los hijos, el que muere, el más querido.
No es gallina buena la que come en casa y pone fuera.
Irse a chitos.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
Mendigo y carbonero oficio de pocos dineros.
Más peligroso que mono con navaja.
No aprovecha lo comido, sino lo digerido.
A cuarto vale la vaca, y si no hay cuarto no hay vaca.
Cuando el gallo canta, la gente se levanta.
Caldo de gallina, a los muertos resucita.
Trance peligroso es tener por las orejas al lobo.
A cabrón, cabrón y medio.
Regala a la gata y te saltará a la cara.
¡Qué alegre son el del bolsón!.
Ni de las flores de Marzo, ni de la mujer sin empacho.
La mula arisca a la larga, se va enseñando a la carga.
Casa de pan tierno, casa sin gobierno.
La enjalma no se da cuenta, en donde al burro le asienta.
Tretas y tetas pueden más que letras.
Al rebuznar se verá quien no es león
Fraile de buen seso, guarda lo suyo y guarda lo ajeno.
Para cuchillo que corta, no hay carne dura.
No te acerques a una cabra por delante, a un caballo por detrás, y a un tonto por ningún lado.
El que bien come y bien digiere, solo de viejo se muere.
Dios manda la carne y el diablo a los cocineros.
Estoy tan lleno como garrapata de yegua vieja.
Más quiero cardos en paz, que no salsa de agraz.
Hay que comer para vivir, no vivir para comer.
Si las orejas sacude la burra, agua segura.
Caballo sin espuela, barco sin remos ni vela.
Al burro el palo y a la mujer el regalo.
Enviar desde la lejanía a mil li plumas de ganso, por liviano que sea el regalo, encierra afecto profundo.
A quien le dan pan que no coma.
A cautela, cautela y media.
El caballo la pistola y la mujer nunca se prestan.
Que lo mate Dios que lo crió.
De lo perdido, lo que aparezca.
Más ordinario que yogurt de yuca.
Intimar con ninguno; trato con todos.
Toma y daca.
El juego y la muerte, en no distinguir categorías se parecen.
Año bisiesto, hambre en el cesto.
En la cancha se ven los gallos.
Cada uno con su humo.
A la mujer bailar y al burro rebuznar, el diablo no les debió enseñar.