Aquel es hombre, que corresponde al nombre.
Echéme a dormir y espulgóme el perro, no la cabeza sino el esquero.
Por los Santos, siembra trigo y siembra cardo.
A lo que manda Dios, oreja de liebre.
Acometer hace vencer.
De noche madrugan los arrieros.
Bebes vino, no bebas el seso.
Roban un cordero o dos, y dan los pies por amor a Dios.
Si la serpiente oyera y el escorpión viera, no habría hombre que al campo saliera.
A nuevos tiempos, nuevos usos.
La gallina que es buena, pone para Nochebuena.
Cochino fiado, gruñe todo el año.
Muchos van por Lana y vuelven trasquilados.
Baila Antón según le hacen el son.
Yernos y nueras, en las afueras.
Es mucho collar para tan poco perro.
Colgar los guayos.
Un abuelo es como un caballo salvaje que ha sido entrenado por su hijo para que lo cabalgue su nieto.
Mejor perdiz en la mano, que dos en el campo.
Después de comer, ni vino, ni mujer.
Ramos mojados, ésos mejorados.
Aurora rubia, o viento o lluvia.
Riñas de enamorados, amores doblados.
Fruta prohibida, más apetecida.
Jugar al abejón con alguien.
Ajo, agua y resina; a joderse, aguantarse y a resiganrse.
Ni hagas ni seas lo que en otros afeas.
Ni reprender ausentes, ni adular presentes.
A un traidor, dos alevosos.
Más tira coño que soga.
Ninguna humana pasión es perpetua ni durable.
A confesión de parte relevo de prueba.
A la noche, arreboles, a la mañana habrá soles.
En casa de Gonzalo, manda más la gallina que el gallo.
Come y bebe, que la vida es breve.
Ni fraile en boda, ni perro entre ollas.
Armas y dineros quieren buen dueño.
La naturaleza se toma el mismo trabajo en hacer a un mendigo que a un emperador.
A todo se acostumbra uno en esta vida, menos a no comer.
Abuelos y tíos cuando están tendidos.
Y vuelta la burra al trigo.
Pan de ayer carne de hoy y vino de antaño, salud para todo el año.
Eres lo que comes.
Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo.
Al hombre y al oso, lo feo lo hace hermoso.
La hacienda, el dueño la atienda.
De el comer y el rascar, el trabajo es comenzar.
Año de espigas, anuncio de buenas migas.
El que desalaba la yegua, ése la merca.
El malo come pechugas y el bueno come lechugas.