Quien perdona pudiendo vengarse poco le falta para salvarse.
Los frutos más hermosos los da el árbol más viejo Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
Quien mocos envía, babas espera.
Un hombre es juzgado por la compañía que lo rodea.
Septiembre frutero, alegre, festero.
Échate a enfermar y verás quién te quiere bien o quién te quiere mal.
Un asno siempre da las gracias con una coz.
Siempre queda algo de fragancia en la mano que da rosas.
Palabras melosas, siempre engañosas.
Es amigo, o enemigo, o mal criado, quien sube sin llamar desde abajo.
Santo que mea, maldito sea.
El que quiera ser bohemio, que no se eche el lazo al cuello.
La alegría da miedo
Date a placer, Miguelejo; morirás de viejo.
Valentón y rufián, allá se van.
Todo, no importa cuán finamente esté hilado, acaba finalmente saliendo a la luz
Cuando hay lealtad y franqueza, las cartas sobre la mesa.
La humildad es el hilo con el que se encadena la gloria.
Barco grande ande o no ande, y mujer grande aunque me mande.
Para los hombres de mar, antes que letras nadar.
Tretas y tetas pueden más que letras.
Aguas de Abril, vengan mil.
Conseguir una mujer bella es fácil, pero conservarla es difícil
A braga rota, compañón sano.
Donde hay carne, hay hermosura.
En la muerte y en la boda, verás quién te honra.
De la mujer el consejo apresurado, del hombre el postrero y mesurado.
Orden y contraorden, desorden.
Periquito se casa en Segovia, como es el novio, será la novia.
Muchos componedores descomponen la novia.
Belleza y riqueza juntas, casi nunca.
Al hierro el orín y la envidia al ruin.
Tu hablar te hace presente.
La ley pareja no es dura.
Campo bien regado, campo preñado.
El que de veras quiere dar, no ofrece.
A fuer de Toledo, que pierde la dama y paga el caballero.
Hombre muy escrupuloso, siempre será menesteroso.
El que no mira, suspira.
Malo es esperar bien de muerte ajena.
Si quieres de tu amigo probar su voluntad, finge necesidad.
Agua, agua, que se quema la fragua.
Dime con quién andas y si está buena me la mandas.
Tras cornudo, apaleado, y mándale bailar.
El Dios desea el respeto del pobre más que la honra del encumbrado.
El hombre lo pide, y la mujer decide.
No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere. Proverbios 3:11-12
Manda y haz, buen ejemplo darás.
Cuidado con la adulación
Del favor nace el ingrato.