Sol de invierno y amor de puta, poco dura.
Lo que haces, encuentras.
Ser desagradecido es de mal nacidos.
El rico no pierde sino el alma, y las hijas de los pobres.
Agua mansa, traidora y falsa.
Quien tiene miedo tiene desgracia.
Dices tu pena a quien no le apena, te quejas a madre ajena.
Ni adobo sin ajo, ni campana sin badajo, ni viudita sin su majo.
Guarda y no prestes; porfía y no apuestes.
Quien madruga halla en la fuente agua fresca y transparente.
Burros o coces, arrieros a palos y a voces.
Del amor al odio, solo hay un paso.
De pregonero a verdugo, mirad como subo.
Boca seca hace bolsa llena.
él que se levanta en cólera,se sienta con una perda.
La necesidad carece de ley.
Lágrimas de puta, amenazas de rufián y juramentos de mercader, no se han de creer.
Quien por todo se apura, su muerte apresura.
Tanto fue el cántaro a la fuente hasta que por fin se rompió.
La boda de los pobres, toda es voces.
Mas mata la duda que el desengaño.
El que de la culebra está mordido, de la sombra se espanta.
El que no anda, no tropieza.
Dice Salomón: da vino a los que tienen amargo el corazón.
El clérigo y el fraile al que han de menester, llamadlo compadre.
Amor y señorío, no quieren compañía.
Donde hay miedo hay poco lugar para el amor
Al que escupe para arriba, le cae en los ojos.
Bebido el vino, perdido el tino.
Nadie está obligado a lo imposible.
Con hombre egoísta, ni de trato ni de vista.
Cuando borrachos hay, madre falta.
Hay quien mea en caldera y no suena, y hay quien mea en lana y atruena.
Injuriada la paciencia, a veces en ira quiebra.
Quien mea claro y pee fuerte, enseña los huevos a la muerte.
El mal que se vaya y el bien se nos venga.
Lo que es ajeno, siempre clama por su dueño.
El que no agradece, no merece.
El que no tiene alforjas ni barril, todos saben adónde ha de ir.
Mula vieja y mal comida, no se aguanta la subida.
Nadie se meta donde no le llaman.
La dicha de la fea, la hermosa la desea.
Limando se consigue de una piedra una aguja
A quien nada vale, no le envidia nadie.
El mal que no tiene cura es la locura.
Asno de gran asnedad, quien pregunta a una mujer su edad.
Adiós, Blas y que Dios te lo pague, ya te vas.
Una mano a la otra lava, y las dos, a la cara.
A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
Quien perdona pudiendo vengarse poco le falta para salvarse.