Hasta la muerte, anda con pie fuerte.
Malo es esperar bien de muerte ajena.
Buena cara y malos hechos, a cada paso los vemos.
La conciencia es cobarde y la culpa que no tiene fuerza para impedir rara vez es lo suficientemente justa como para acusar
Cuanto se deja de dormir, tanto se acrecienta en vivir.
Harto sabe quien sabe que no sabe.
Después del crepúsculo, los gusanos de luz piensan: ¡nosotros hemos iluminado el mundo!.
Cuatro pies en la cama y no está padre.
A quien con malos anda no le arriendo la ganancia.
Todo gran amor no es posible sin pena.
Tal hay que se quiebra los dos ojos porque su enemigo se quiebre uno.
Las lágrimas de los buenos no caen por tierra, al contrario van al cielo, al seno de la divinidad.
Caballo ajeno, ni come ni se cansa.
Los ríos hondos corren en silencio, lo arroyos son ruidosos.
Más pija que el Don Bosco.
Uno piensa el bayo, y otro el que le ensilla.
Dios ayuda al que mucho madruga.
La fortuna, a los necios ama y a los sabios desama.
Muchos saben el precio de algo, pero no su valor. Pues hay cosas que no tienen precio cuyo valor es incalculable.
Nadie experimenta en cabeza ajena.
Más mueren de ahítos que de aflitos.
Molino cerrado, contento el asno.
El cuando y el pero es la herencia de los tontos.
Dar lo que se tiene, a ninguno le conviene; tomar de lo de otros, a mí y a todos.
Yo que la buscaba, y ella que no se quiso esconder, se juntaron el hambre con las ganas de comer.
Lágrimas quebrantan o ablandan penas.
Reinos y dineros no quieren compañeros.
No hay mujer por buena que sea, que cuando mea no se pea.
De la casada y la separada, dos cucharadas.
Zanahorias, no; cosas que unten la barba quiero yo.
Como el culebrón de majano, que tira la piedra y esconde la mano.
Es tan torcido que hasta los perros lo orinan.
Limando una viga se hace una aguja.
La tierra atrae tanto que los viejos caminan encorvados.
Para poca salud, las cuatro velas y el ataúd.
Allí haz a tu hijo heredero, donde anda la niebla en el mes de enero.
La zagala y el garzón, para en uno son.
Para el pobre, hasta su noche de bodas es corta.
A la corta o a la larga, el tiempo todo lo alcanza.
El borracho vendería los pantalones por beber.
Adorar al sol que nace, todo el mundo lo hace; al sol que muere, nadie lo quiere.
Muerto el perro, se acaba la rabia.
Pan y vino es media vida, la candela la otra media.
Finca enconada, o meterle el arado o dejarla.
Guárdeme Dios de perro de liebres, piedra de onda, casa de torres y mujer sabionda.
Oveja duenda, mama a su madre y a la ajena.
Ponte al sol y harás sombra.
A los curas caso omiso, y para mí un buen piso.
El que muere, se libra de lo que debe.
Cada persona es dueña de su silencio y esclavo de su palabra.