Los celos son el gusano del amor.
Ni fea que espante, ni hermosa que mate.
Oír al gallo cantar y no saber en que muladar.
Hoy arreboles, mañana soles.
Dueña que mucho mira, poco hila.
De celosa a puta, dos pulgadas justas.
Chica es la aguja, y se halla si bien se busca.
Échale guindas a la tarasca y verás como las masca.
Mujer, viento y ventura, pronto se mudan.
A los años mil, vuelve la liebre a su cubil.
Viva la gallina, y viva con su pepita.
Zapatero amigo, las suelas quemadas y el hilo podrido.
Quien habla, siembra; quien oye y calla, recoge y siembra.
Galga salida, a liebre parida.
Quien se quemare, que sople.
O faja o caja.
A cartas, cartas y a palabras, palabras.
Anda caliente, come poco, bebe asaz, y vivirás.
Si mi abuela tuviera huevos sería mi abuelo.
Te quiero Andrés, por el interés.
Enójate pero no pegues.
Chica centella gran fuego engendra.
Cuida bien lo que haces, no te fíes de rapaces.
Para hilar una mentira, siempre hace falta madeja.
Tres cosas echan de su casa al hombre: el humo, la gotera y la mujer vocinglera.
Anillo en dedo, u obispo o majadero.
Cuando es demasiada la cera, quema la iglesia.
Ojo por ojo y diente por diente.
Mal empleada está la hacienda en quien no es señor de ella.
Oficio ajeno, dinero cuesta.
El perdigón y el gallo, por Mayo.
Cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.
Ara hondo, siembra pronto, tira basura y ríete de los libros de agricultura.
la ropa son alas.
Alábate cesto, que venderte quiero.
Penas amargas, son menos largas.
A mucho porfiar, ¿quién se resiste?.
Para salir del hoyo un buey solo no basta, se necesitan dos.
Buenos son barbos cuando no hay truchas a mano.
Y vuelta la burra al trigo.
Agua y luna, tiempo de aceituna.
La envidia y las fiebres matan al que las padece.
Las mañanitas de Abril son muy dulces de dormir, y las de Mayo no tienen fin ni cabo.
Quien bebe en ayunas, mejor bebería con aceitunas.
De saltamontes a chicharra poco marra.
De buena casa, buena brasa.
Aborrece y serás aborrecido, quiere y serás querido.
Si la mujer supiera lo buena queye la nielda, la paceria como las vacas la hierba.
Cuando dos elefantes riñen la que se lamenta es la hierba.
Bodega de buen olor, no ha menester pregón.