Para el catarro el jarro, y si no se quita, la botellita.
Es fácil nadar cuando os aguantan la barbilla.
A los locos se les da la razón.
No es lo mismo ser que haber sido.
Con chatos, poco o ningún trato.
Hablar más que lora mojada.
Calumnia, que algo queda.
A otra cosa mariposa.
De la mar el mero y de la tierra el carnero.
La sardina y el huevo a dedo.
Hacer la plancha.
Los pensamientos de los amantes hablan en voz alta
Parientes y señor, sin ellos se está mejor.
Don sin Din, gilipollas en latín.
A barba, ni tapia, ni zarza.
Las mejores correas son las cortadas del cuero ajeno
Ni lugar sin taberna, ni puta sin alcahueta.
Las palabras se cogen, de quien las dice.
Dime con quién andas y te diré quién eres.
Perro que ladra no muerde. (Mientras ladra)
Están más concentraos que un jugo de china.
Hacer la del cura Gatica; predica pero no practica.
Visitas de tarde en tarde y corticas.
El que quiera engañar a un campesino, tendrá que llevar a otro campesino en su compañía.
Si quieres matar a tu mujer, dale sardinas por San Miguel.
Quien se quemare, que sople.
En casa de mi vecino, cuando no hay para pan, hay para vino.
Cada palo que aguante su vela.
Saber mucho y decir tonterías, lo vemos todos los días.
Viudas, casadas y doncellas, buenas son todas ellas.
De suerte contentos, uno de cientos.
Baco, Venus y tabaco ponen al hombre flaco.
Alcalde de monterilla, ¡ay de aquel que por su acera pilla!.
Hacer la de Lucas Gómez; tu te la traes, tu te la comes.
Dulce y vino, borracho fino.
Al que nace barrigón, aunque lo fajen de niño.
Poda en enero y cava en Febrero, y conseguirás un racimo entero.
Años pares, abrir los costales; años nones, pocos montones.
De cualquier maya sale un ratón.
Ni a pícaro descalzo, ni a hombre callado, ni a mujer barbada les des posada.
El que fía lo que tiene, a velar se queda.
Cabra que cojea, o mal come, o mal sestea.
Las manos del oficial envueltas en cendal.
En el país de las palmeras se alimenta el asno de dátiles.
De saltamontes a chicharra poco marra.
Bodas largas, barajas nuevas.
Ratones nos dé Dios, y gatos nos los daremos.
Desayunar como rey, almorzar como príncipe, y cenar como mendigo.
Jamás en el mismo plato, comen el ratón y el gato.
Si los deseos fueran caballos, los mendigos se desbocarían.