Si no entras en la madriguera del tigre, no puedes coger sus cachorros.
El ciego y el ignorante, tienen el mismo talante.
De los hombres se hacen los obispos.
Aun si el camino es conocido, pregunta.
Nadie es tan bruto que tire piedras a un árbol sin frutos.
Casa revuelta, huéspedes espera.
Disfruta hoy, es más tarde de lo que crees.
Solamente los imbéciles no cambian de opinión
Iglesia de moda en otros días, cátala ahora vacía.
A barbas honradas, honras colmadas.
En las cosas del espíritu el que no avanza, retrocede.
Una manzana roja invita piedras.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
No dispongas para ti pesos con defecto: serán abundantes en penas por la voluntad del Dios.
Las pulseras de metal suenan si son dos.
Dios repudia al que falsea las palabras; su gran abominación es el pendenciero de vientre.
El que disfruta insultando a la gente con sus escritos es como una bruja; el que disfruta adulándolo es como un quiromántico
Dios nos libre de sufrir, todo lo que le cuerpo puede soportar.
Fuera de tu hogar no te alejes ni una pulgada de tus armas.
Antes de mil años, todos seremos calvos.
La libertad abstracta, como las demás abstracciones, no se puede encontrar
Pisarás el umbral del bienestar, cuando empieces a sentirte satisfecho con apenas nada.
Los frailes comienzan por donde los otros acaban y cesan.
Tu eres tu propia barrera; sáltala desde dentro
La mujer y la burra, iguales de testarudas.
Donde hay orden, hay bendición.
Zangamanga mal fraguada, solo a los bobos engaña.
Maldición de burro, al cielo no llega; en las vigas de la cuadra se queda.
Perla brillante arrojada en la oscuridad.
La intención es lo que vale.
En Briviesca, el que no caza, pesca.
Mejor que juntar las manos para rezar, es abrirlas para dar.
Hay miles de miserias en un solo amor
Hay burros que su bien no conocen, y cuando les rascan dan coces.
Guardado está lo que guarda Dios; pero lo demás, no.
Jóvenes a la obra, viejos a la tumba! Manuel
Más ordinaro que pesebre con prostíbulo.
Las estrellas inclinan pero no obligan.
Nadie busca ruido con su dinero.
El elefante muerto deja sus colmillos; el tigre, su piel; y el hombre, su nombre
Uso tu propia lanza contra tu propio escudo.
Para rehusar curarte, te pide cuernos de perro.
Nadie sabe para quien trabaja.
Búsqueme que me encuentra. Como advertencia: no me provoques.
Judío para la mercadería y fraile para la hipocresía.
No hay hombres pobres, sino pobres hombres.
De todos los bienes somos avarientos, menos del tiempo.
De mí y de todos te burlarás, pero de Dios no escaparás.
Confianza en Dios, y poquita, decía una viejita.
El que no quiera polvo, que no salga a la era.