Un consejo sin ayuda es como un cuerpo sin alma
Ayunar, o comer truchas.
Oveja de todos, cómenla lobos.
Ojos dulces y apacibles, pero hay cosas más tangibles.
Andando, andando que la Virgen te va ayudando.
El que no tiene hechas no tiene sospechas.
De todos los santos a adviento, mucha lluvia y poco viento.
Santo Tomás, una y no más.
Lluvia y sol, bautizo de zorro.
Lo mejor que hizo Dios fue un día detrás del otro.
Algo tiene la fea, por donde el galán la desea.
No puede el cura a la par, decir misa y confesar.
Al tomar mujer un viejo, o tocan a muerto o a cuerno.
El que no ha visto que vea y el que ya vio que compare.
El hombre propone, Dios dispone y el diablo descompone.
Hay que predicar con el ejemplo.
La alegría es don de Dios y bondad del corazón.
Predica la fe hasta que consigas tenerla, luego predicarás sobre la que tienes
A Dios se dejan las cosas, cuando no tienen remedio.
A los ignorantes los aventajan los que leen libros. A Éstos, los que retienen lo leído. A Éstos, los que comprenden lo leído. A Éstos, los que ponen manos a la obra.
Quien hace, aplace.
Rebuznos de asno no llegan al cielo.
Del aire se mantienen los camaleones, pero no los hombres.
Tus pies te llevarán allí donde esté tu corazón.
Quien en Dios confía, será feliz algún día.
Loco está el que cree en las lágrimas de un heredero
A los tuyos, con razón o sin ella.
Por San Mateo, la vendimia arreo.
Acaba tuerta, que San Bartolomé está cerca.
Necios y porfiados, hacen ricos a letrados.
Estudiante y diablo, una misma casa con dos bocados.
Quien no se cansa, su ideal alcanza.
Dios los cría y el diablo los junta.
Hijo descalostrado, medio criado.
Repartiendo de l oajeno, ninguno es cicatero.
Bendito aquel que, no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrarnoslo con sus palabras.
El bebedor fino, a sorbitos bebe el vino.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
Putas y tuertos todos somos vueltos.
Jodido pero contento.
Cada cual es hijo de sus obras.
Abad y ballestero, mal para los moros.
A cada uno Dios da el castigo que merece.
Aceitunas agrias, el padre las comió y el hijo las caga.
Se lastiman a sí mismos los que hacen daño a los demás.
Mata, que Dios perdona.
Sí, sí y no, no, como Cristo nos enseñó.
No es un hombre más que otros si no hace más que otros.
Sabios conocí; sabios para los otros y necios para mí.
Para poca salud, las cuatro velas y el ataúd.