Que mi Dios nos dé un varón, aunque resulte bribón.
Para que la cruz vaya a mi casa, que vaya a la ajena.
Cabellos y virgos, muchos hay postizos.
Ni comer sin beber, ni firmar sin leer.
El trabajo es bendito; por eso ni se toca.
El que no anda, no tropieza.
Ojos que no ven, gallinas al saco.
El que no habla, Dios lo hizo mudo.
El trabajo duro purifica el espíritu.
Los molinos de los Dioses muelen despacito, pero muy finito.
A embestida de hombre fiero, ¡pies para que los quiero!.
Dios no espera año para castigar.
El que está en pié, mire no caiga.
Irse a chitos.
Caridad y amor no quieren tambor.
A cuenta de los gitanos hurtan muchos castellanos.
Proclamo en voz alta el libre pensamiento, y que muera el que no piense como yo
El hombre nació para morir, es mortal.
Sospechar y temer, enemigos del placer.
El amor hace iguales a los que no lo son.
Ni amigo reconciliado ni cordero dos veces asado.
Quien hijo está en tierra ajena, muerto está y vivo le espera.
Mano de santo cura como por encanto.
El hijo del judío a fraile se ha metido.
A la iglesia no voy porque estoy cojo, y a la taberna, poquito a poco.
Hasta la gracia de Dios hace daño.
Hacer del san benito gala.
Cuenta el milagro, pero no digas el santo.
Zapatero en su banquilla, rey de Castilla.
Buenos amigos y buenos Abriles, uno entre miles.
Ni están todos los que son, ni son todos los que están.
Por unos pierden otros.
Dar y quitar, derechito al infierno sin descansar.
Viudas, casadas y doncellas, buenas son todas ellas.
La tortilla y la mujer, se han de comer en caliente, pues si las dejas enfriar, ni el diablo les clava el diente.
¡Somos gente pacifica y no nos gusta gritar! (Transición española)
El follo del santo, no hiede tanto.
Es de bien nacidos ser agradecidos.
A malos ratos, buenos tragos.
Unos tanto y otros tan poco.
Hágase el milagro y hágalo Dios o el diablo.
No acortes el paso, no aflojes ni desmayes.
Mientras comemos, ¡qué buenos semos!; cuando ayunamos, ¡qué mal andamos!.
Quien no tiene rentas, que no lleve cuentas.
Quien en tiempo huye en tiempo acude.
De tales devociones, tales costurones.
Desde donde se posan las águilas, desde donde se yerguen los jaguares, el Sol es invocado.
No avivés a los giles que después se te ponen en contra.
El sastre engaña al parroquiano, y bien vestido el parroquiano, a la mitad del género humano.
Acabar como el Rosario de la Aurora.