Si la vida te da manzanas, hazte un zumo de peras.
No creo en gardenias negras, ni en virginidad de suegras.
El hombre rico se cree sabio, pero el pobre inteligente le hará el examen.
Cada uno tiene su alguacil.
Sabedlo, coles, que espinazo habéis en la olla.
Hay que leerle la cartilla.
Está en todo menos en misa.
Burro adornado, busca mercado.
Adonde quiera que fueres, ten de tu parte a las mujeres.
A comida de olido, pago de sonido.
A la mujer y a la suegra, cuerda.
No persigas la sombra y pierdas el bulto.
Los experimentos, en casa y con gaseosa.
El que no tiene cabeza, tiene que tener pies.
No hay mujer que no lo de, sino hombre que no lo sepa pedir.
El que la deba, que la pague.
No hay mejor amigo que un peso duro en el bolsillo.
Las cosas lo que parecen.
Como es el pago, así es el trabajo.
Más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo.
No es vergonzoso preguntar, es vergonzoso no preguntar.
El que presta su caballo para garrochar, y a su mujer para bailar, nada tiene que reclamar.
La mujer y la gallina, por la pluma se adivina.
Llámome carrasco y donde me pica me arrasco.
Quien abierta su arca deja, si le roban, ¿de quién se queja?.
Oigamos, pero no creamos hasta que lo veamos.
El que muere en Lunes mal empieza la semana.
Dios acude siempre.
A la mujer feliz, la vida le ha de sonreír.
No des por el pito, más de lo que el pito vale.
Del gaznate para abajo, todo sopas de ajo.
Aullar contra el ciervo, perder voces y tiempo.
El que tenga sus gallinas, que las cuide del coyote.
Todo mono sabe en que palo trepa.
Madrid en verano, sin familia y con dinero, Baden-Baden.
El hilo se revienta por lo más delgado.
El que es sabio atesora el conocimiento, pero la boca del necio es un peligro inminente.
Al que le caiga el sayo, que se lo ponga.
La zorra, por la cola.
La ilusión es la realidad de los que no tienen un real.
Juegos y risas, esas son mis misas; comidas y cenas son mis novenas.
El saco del jugador, no necesita atador.
Sentarse en las cenizas entre dos banquillos
Burro amarrado, leña segura.
El que tiene buenas piernas no necesita muletas.
Una persona de gran sabiduría suele parecer torpe.
Hablando se saben las cosas, callando se ignoran.
Al alba de puerco, que da el sol a medio cuerpo.
Por San Eugenio, la leña en el hogar y las ovejas a encerrar.
A cada puerta, su dueña.