Lengua de vieja cuentera, corta más que una barbera.
Maldición, y pulgón, y potra, y sabañón, en tal compañón.
Moza de mesón, no duerme sueño con sazón.
El amor es una ratonera; entra el ratón, cuando quiere, pero no saldrá cuando quiera.
El necio no escarmienta sino en su cabeza.
De esta capa nadie se escapa.
Cada cual decía del amor que tenía.
Codicia mala a Dios no engaña.
El mal del amor, no lo cura el doctor.
Ni tras pared ni tras seto digas tu secreto.
Pezuña sobre agua, no deja huella.
A quien nada quiere, todo le sobra.
El que a los veinte no es valiente, a los treinta no es casado, y a los cuarenta no es rico, es gallo que clavó el pico.
El que depende de la mesa de otro, con frecuencia cena tarde.
La fiebre no está en la sábana.
Dios nos libre del día de las alabanzas.
Casamiento y gobierno, destino del cielo.
Agua de mayo, crece el pelo un palmo.
La pobreza ha sido y es, peor que la hijueputez.
Ni por rico te realces, ni por pobre te rebajes.
Salud para mí, trabajo para mi marido.
Líbrame Dios del agua brava, que de la mansa me cuido yo.
El que no te ama, burlando te difama.
El santo ausente, vela no tiene.
Las cartas y las mujeres se van con quien quieren.
El lo que se pierde, se aprende.
La justicia no corre, pero atrapa.
Quien mierda echa en la colada, mierda saca.
Dar patadas de burro.
Abrojos, abren ojos.
Las palabra muestran el ingenio de un hombre, pero sus actos muestran su intención.
No dar ni recibir, sin escribir.
Hace más la raposa que la curiosa.
El gato que se quema con la leche, cuando ve la vaca llora.
Mejor precavido, que arrepentido.
Cien ratones a un gato, le dan un mal rato Cien refranes, cien verdades.
Rebuzné una vez, y como burro quedé.
Flores pintadas, no huelen a nada.
El bebedor fino, a sorbitos bebe el vino.
Hacerse el de la oreja mocha.
Salamanca, a unos sana y a otros manca y a todos deja sin blanca.
Buena es la quina, pero a veces es más mal que medicina.
Echar confites a un cochino, es desatino.
Al comer y al cagar, prisa no te has de dar.
No hagas mal y no habrás miedo.
Lo poco bueno que tiene un hombre lo palparas en un solo día: toda su maldad oculta no la conocerás ni en cien años.
Bien reza, pero mal ofrece.
Más vale dejar a tu hijo con mocos que cortarle las narices.
A largos días, largos trabajos.
No te fíes del perro que cojea, ni de la mujer que lloriquea.