Más merezco; pero contigo me conformo.
El burro cayendo y el amo perdiendo, los dos se van entendiendo.
El que ha naufragado teme a la mar aún calmada.
El que a hierro mata , a hierro muere.
El que pone al juego sus dineros no ha de hacer cuenta de ellos.
Fe y verdad, en el cielo se sabrá.
El tronco de enero, no le pongas en el humero.
Hombre difamado, peor que ahorcado.
Favores harás, y te arrepentirás.
El amor corrompe los corazones puros y purifica los impuros
El sexo nos hace perder la cabeza
El burro cuando está alegre, rebuzna y pee.
Compra con tu dinero, y no con el ajeno.
Aquél es buen día, cuando la sartén chilla.
Paso de oso, diente de lobo y de vez en cuando hacerse el bobo.
Al que toma y no da, el diablo se lo llevará.
Si el cura se resfría, hasta el monaguillo tose.
La cabeza blanca y el seso por venir.
Badajo alto, campana rota.
El pan sin ojos, y el queso con ellos.
El que algo quiere, algo le cuesta.
Según dijo Galeno, lo que para unos es malo, para otros es bueno.
Cree solo la mitad de lo que oigas decir de la riqueza y la bondad de un hombre.
¿Cómo ha de actuar mi corazón? ¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar sobre la tierra?
Quien pisa con suavidad va lejos.
Cuando el guardián juega a los naipes, ¿qué harán los frailes?.
Amor, tos y dinero, llevan cencerro.
Sol madrugador y hombre callejero, no los quiero.
Buen oficio es no tener ninguno.
Al descalabrado nunca le falta un trapo, que roto, que sano.
Bien se lleva la carga, más no la sobrecarga.
El que la deba, que la pague.
El que le tiene miedo a los ojos, no puede comer cabeza.
"La virtud en su justo medio", dice el diablo, poniéndose entre los dos magistrados.
Un beso es como el agua salada: bebes y aumenta tu sed.
Amigo del buen tiempo mudase con el viento.
Dame pega sin mancha, darte he moza sin tacha.
El buen enero, frío y seco.
Unos van delante y otros van detrás.
El que tiene una alta meta, suela cambiar de chaqueta.
Todos los días son días de aprender, y de enseñar también.
Por San Andrés el vino nuevo, añejo es.
El día nunca retrocede de nuevo.
El que es ciego de nación, nunca sabe por dónde anda.
Los caballos blancos y los pendejos, se distinguen desde lejos.
Fuera de tu hogar no te alejes ni una pulgada de tus armas.
El que tenga un hijo majadero, que lo ponga campanero.
Quien roba una vez, roba diez.
Aunque la traición place, el traidor se aborrece.
Caer está permitido. ¡Levantarse es obligatorio!.