Hay mujeres que, como la leña de corcha, tienen tres arderes.
Otros vendrán, que bueno me harán.
El que vende un caballo es porque patea.
A fuerza de palos, como borrico de yesero.
El que cabras cría, va a juicio cada día.
Mal haya el vientre que del bien recibido no le viene miente.
El pez que busca el anzuelo busca su duelo.
Huyendo de la sartén dio en las brasas el pez.
Está en todo menos en misa.
Para la iglesia nada es secular, menos aquello que es pecaminoso
El caballo la pistola y la mujer nunca se prestan.
Caballo manso, tira a malo; mujer coqueta tira a puta; hombre bueno tira a pendejo.
O comer en plata, o morir ahorcado.
Poco a poco hila la vieja el copo.
De día beata, de noche gata.
Camino robado, al otro día, sin gente.
Bien está el pájaro en su nido.
Al final, todo saldrá bien, y si no, es que no es el final.
La obra alaba el maestro.
Lo que siembras cosechas.
Los héroes que saben sacrificarse mejor, son los que mejor saben matar
Mala para quien calla y peor para quien habla.
Ayúdate y el cielo te ayudará.
Igual con igual va bien cada cual.
Trata a la Tierra y a todo lo que hay en ella con respeto.
Quien tiene arte va por todas partes.
Saben cómo ejecutar, pero no saben cómo ocultar.
De refranes y cantares, tiene el pueblo mil millares.
La capa del diablo, lo que por un lado tapa, por otro destapa.
Zurcir bien es más que tejer.
Hablar por la boca del ganso.
El que de joven corre, de viejo trota.
La vida es para una generación; un buen nombre, para siempre.
Lo que se pierde en una casa, se gana en otra.
En Febrero llama a obrero, a últimos que no a primeros.
El que tiene poco y gasta menos, será rico sin parecerlo.
Faena que tu bolsillo llena, buena faena.
Yo dueña y vos doncella, ¿quién barrerá la casa?.
De tal árbol tal madera.
Al destapar las cubas, se ve si es vino.
Eres guapo, joven y con dinero, ¿qué más quieres, Baldomero?.
Muchas candelitas hacen un Cirio.
Ni santo sin estampa, ni juego sin trampa.
A la fuerza ahorcan.
Solo el ruiseñor es capaz de comprender a la rosa.
Lo que los ojos no ven, el corazón no lo desea.
Donde dije digo, digo Diego.
Por donde pasa la aguja, pasa el hilo.
Cuando llora el heredero, sus lágrimas no caen al suelo.
Manos que no dais, ¿qué esperáis?.