Nadie cava con tesón sino el dueño del hurón.
Bebe poco y come asaz; duerme en alto y vivirás.
Otoño entrante, uvas abundantes.
Redondear la arepa.
Vino añejo, pimienta y ajos, te llevan directo a los refajos.
La marcha instruye al asno.
Por San Lucas, bien saben las uvas.
Con la mujer y el pescado, mucho cuidado.
Los pájaros escuchan las palabras del día y las ratas las palabras de noche.
Que este dedo no sepa lo que hace su compañero.
Quien no atiende lo que tiene, es mejor que lo enajene.
A menudo una pequeña chispa logra encender un gran fuego.
Hacemos daño al hombre cuando le pedimos hacer lo que está dentro de sus posibilidades o hábitos.
Con solo honra no se pone olla.
Te gires como te gires, tu culo sigue atrás.
En amores o en dinero, no existe amigo sincero.
El corazón es fiel, el entendimiento no lo es.
No es pecado ser pendejo, el pecado es no querer dejar de serlo.
No estará muy triste, quien de rojo viste.
Dinero, ¿a dónde vas?, a donde hay más.
Es más fácil doblar el cuerpo que la voluntad.
Salir junto con pegado.
Contigo duerme y contigo come quien te los pone.
Poderoso caballero es don dinero.
Lo que hace tu mano derecha que no lo sepa tu izquierda.
Lo que promete con el vino, se olvida por el camino.
Amanecerá y veremos, dijo un ciego, y amaneció y no vio.
Remendando y zurciendo, vamos viviendo.
A embestida de hombre fiero, ¡pies para que los quiero!.
Así como un medicamento amargo cura la enfermedad, las palabras sinceras, que hieren los oídos, benefician el comportamiento.
La ruana no hace al arriero, ni el vestido al caballero.
Con uno solo de sus cabellos una mujer puede arrastrar un elefante.
Si ves a un hombre cargado, no preguntes si es casado.
Buena demanda o mala demanda, el escribano es mi banda.
Junta de rabadanes, oveja muerta.
Las palabras son las palabras, pero es el dinero el que adquiere tierras.
Al hambre no hay pan negro.
Cuervos vienen, carne huelen.
A caballo no hay ningún cuerdo.
La sátira Solo ofende, a la gente que la entiende.
Paciencia ofendida sale de madre enseguida.
El que come y canta, tiene los enemigos en la garganta.
Por los Reyes lo conoce el buey, y por San Sebastián el gañán.
Por charlatán y pedante, se destaca el ignorante.
A río crecido, sentarse en la orilla.
El buen vino añejo hace al hombre niño y remoza al viejo.
Cada uno en su casa es rey.
Al hombre mayor, dale honor.
Quien se vuelve dulce miel, las moscas dan cuenta de él.
En habiendo vino, aceite y manteca de cerdo, media botica tenemos.