Del odio al amor hay solo un paso.
Digas lo que digas, siempre dirán que dijiste, que no dijiste nada
Cada agujetero alaba sus agujetas.
No tengáis en cuenta lo que vuestro corazón dice sobre la almohada
A la miel, golosas, y al aceite, hermosas.
Hoy por mí, mañana por ti.
Yo que la buscaba, y ella que no se quiso esconder, se juntaron el hambre con las ganas de comer.
El consejo del padre capuchino: con todo lo que comas, vino.
Rey sin consejo, pierde lo suyo y no gana lo ajeno.
En la casa del cura siempre hay hartura.
Aquí jodido, pero usted no tiene la culpa.
El caballo viejo conoce bien el camino.
No hay mujer que no lo de, sino hombre que no lo sepa pedir.
Niño que no ríe a las siete semanas, o es ruin o tiene ruines amas.
Camarón que se duerme, se lo comen los peces.
Antes pan que vino, y antes vino que tocino, y antes tocino que lino.
Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio.
Por San Simon y Judas, saben más ricas las uvas.
Hay tres cosas que el ser humano necesita en su vida: alguien a quien amar, algo que hacer y una esperanza para el futuro.
El prometer no empobrece, y cosa de ricos parece.
Marzo marcero, por la mañana rostros de perro, por la tarde valiente mancebo.
Gustos y colores, los que cada uno prefiera son los mejores.
Ocasión desaprovechada, necedad probada.
Nadie se ha pelado por pedir.
Cada hombre cuerdo lleva un loco dentro.
De dos bienes, el mayor; de dos males, el menor.
Quien langosta y caviar quiera, que afloje la billetera.
No puede impedirse el viento. Pero pueden construirse molinos.
En verano, tabernera, y en invierno panadera.
El que nace para burro, de niño ya tiene orejas.
Quien no quiere escuchar ruidos, que se tape los oídos.
De día y con sol.
Para darse importancia, dice que viene de Francia.
Septiembre muy mojado, mucho mosto pero aguado.
El cangrejo de río está del lado del cangrejo de mar.
Idos y muertos es lo mesmo.
Amor atrevido, siempre bien ha parecido.
Dando y tomando, no cabe engaño.
Juramentos de amor se los lleva el viento.
La que no baile, de la boda se marche.
A cada cajón, su aldabón.
El hilo se revienta por lo más delgado.
De corsario a corsario, no se pierden sino los barriles.
La persona que se conoce a sí mismo, será invencible.
El ave de rama en rama, y el numérito a la cama.
Todos los hombres se entenderían bien sin las palabras mio y tuyo.
Febrero y las mujeres, entre cuatro paredes.
A palabras vanas, ruido de campanas.
Nobleza y cariño, los hereda el niño.
Amor con celos, causa desvelos.