El que mucho habla, mucho yerra.
Colgar los guayos.
Aprendiz de mucho, maestro de nada.
Quien calla otorga
En guerra los estados, los libros cerrados.
En mi casa mando yo que soy viudo.
Por San Martino, se prueba el vino y se mata el cochino.
Gallo cantor, acaba en el asador.
Quien lee y escribe no pide pan.
Tabernero diligente, de quince arrobas hace veinte.
Hasta el manjar más sabroso, hostiga cuando es copioso.
Navidad en martes, fiestas por todas las partes.
Buenas palabras y malos hechos engañan a los locos y a los cuerdos.
Calle mojada, caja cerrada.
En casa del músico, todos saben cantar.
En Diciembre, se hielan las cañas y se asan las castañas.
Aprende bien a callar, para que sepas hablar bien.
Viendo al payaso, soltando la risa.
En el corro mucha fiesta y en el refectorio feria texta.
Confesor que visitas hijas, desde aquí te marco por padre de familias.
Yo que me callo, me quedo sin gallo.
Enero, soy caballero, según lo encuentro, lo llevo.
El ojo del puente, el baratillo y el pan, como se estaban están.
A cada santo su vela
El otoño de lo bello, es bello.
Con pan, vino y queso, no hay camino tieso.
Buena romería haz, quien a su casa pone en paz.
El amor entiende todos los idiomas
De las aves, la perdiz, y de las mujeres Beatriz.
Año de nieves, año de bienes.
En casa de mi vecino, cuando no hay para pan, hay para vino.
Hazte la fama y échate a la cama.
Cartas cantan.
Pan y vino andan camino.
Fruta nueva? ¿quién no la prueba?
Oigo mi gallo cantar, pero no sé en que corral.
Entre la santa y el santo, paredes de cal y canto.
Campanitas de Toledo, óigoos y no os veo.
Al año caro, armero espeso y cedazo claro.
La ensalada: salada, vinagre poco y bien aceitada.
La niebla deja el tiempo que encuentra
Los vicios no necesitan maestro.
Pan duro, pero seguro.
Parejo como las calles de León.
El vino casi es pan.
Hablando se entiende la gente.
Cada quien, con su cada cual.
Alcalde de aldea, yo no lo sea.
Este se mete como Juan por su casa.
La hacienda, el dueño la atienda.