Cochinillo de Febrero, con su padre al humero.
Al hombre aguado, mirarle de lado.
Yerro es ir de caza sin perro.
Asno de gran asnedad, quien pregunta a una mujer su edad.
A roma va, dinero llevará.
Ajo sal y pimiento y lo demás es cuento.
Amigo, amigo, llamalé conocido, y va bien servido.
Pegue una aguja y se perfore (para ver cómo lastima) antes que usted perfore en otros.
Ama de buen grado, si quieres ser amado.
Manos duchas comen truchas.
Manos que no dais, ¿qué esperáis?.
Gachas de almorta, el estómago confortan.
Gran mal padece quien amores atiende.
Ya vienen los dos hermanos, Moquita y Soplamanos.
El cordero manso mama a su madre y a cualquiera; el bravo ni a la suya ni a la ajena.
Mano sobre mano, como mujer de escribano.
Porotos a medio día y a la noche porotos, mala comida y mala cena.
Al mal trabajador no le viene bien ningún azadón.
Ni amigo burgalés, ni cuchillo cordobés.
Quien llega tarde no oye misa, ni come carne
A la mujer parida y a tela urdida, nunca le falta guarida.
Se conoce a sí mismo aquel que vive en armonía con el universo navajo.
Moro viejo, mal cristiano.
Tal para cual, la puta y el rufián.
Pascua pasada, el martes a casa.
Quien come aprisa, come mal.
Baila Antón según le hacen el son.
El guayabo más le asienta, a aquel que paga la cuenta.
Arca abierta al ladrón espera.
Si digo que la yegua es parda, es porque tengo los pelos en las manos.
Una hábil ama de casa sin arroz no puede preparar una comida.
Buenos son barbos cuando no hay truchas a mano.
Cada cual sabe lo que carga su costal.
Cachetón en cara ajena, cara cuesta la docena.
Si un rico se cae, es un accidente; pero cuando se cae un pobre, se dice que está borracho.
Ni asno rebuznador, ni hombre porfiador.
El corazón de un niño: espera lo que desea.
No gastés pólvora en chimancos.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
Comer sin vino, comer canino.
Modesto obsequio que encierra gran afecto.
En enero, ni galgo lebrero ni halcón perdiguero.
El hombre ladino, estando entre extraños no bebe vino.
Buen moro, o mierda u oro.
Cena sin vino, ni olla sin sal, no es manjar.
No oigo, soy de palo.
Hados y lados tienen dichosos o desdichados.
La mitad de la alegría reside en hablar de ella.
Yo duro y vos duro, ¿quién llevará lo maduro?.