Aprendiz de mucho, maestro de nada.
Llanto de viuda, presto se enjuga.
Diez años la seguía y ella no lo sabía.
Maderos hay que han dicha, maderos hay que no; de unos hacen santos, y de otros carbón.
Juez que de la equidad es amigo, ese quiero yo para mi litigio.
A un bagazo, poco caso.
Del mal pagador, siquiera en pajas.
El que sabe sabe y el que no es jefe
Madre, casadme, aunque sea con un fraile.
Mejor un amigo con siete pecados que un extraño
Al cuco no cuques y al ladrón no hurtes.
Es mejor el amo temido que el despreciado.
Se tragó el mate con bombilla y todo.
A confite de monja pan de azúcar.
A buena hora pidió el rey gachas.
Oficial diestro, pronto se hace maestro.
Jugué con quien no sabía y me llevó cuanto tenía.
El que presta un libro es tonto, y más tonto el que lo devuelve.
Es de bien nacido ser agradecido
En casa del alboguero, todos son albogueros.
Con putas y frailes ni camines ni andes.
Holgad tenazas; que muerto es el herrero.
Para no hacer de marrano, culo en tierra y plata en mano.
En la hacienda o el hogar, mejor atajar que arrear.
El que entra en la Inquisición, suele salir chamuscado.
Rocíos de Agosto, miel y mosto.
De Cristo a Cristo, el más apolillado se raja.
Antes de decir de otro cojo es, mírate tú los pies.
A chico pié, gran zapato.
Foso y vallado, buen cercado.
De tal palo tal astilla.
Carne puta no envejece.
Barba hundida, hermosura cumplida.
Agua al higo, que ha llovido.
Tras cada pregón, azote.
Del que tiene dineros suenan bien hasta los pedos.
Desbarata hasta un balín.
Alfayate sin dedal, cose poco, y eso mal.
Antes de conocer bien a un amigo conviene haber comido mucha sal con él
Los caballos blancos y los pendejos, se distinguen desde lejos.
A hombre desgarbado, dale de lado.
El tiempo todo lo cura
Casamiento malo, presto es concertado.
De tus herederos, sé tu el primero.
Chivo que se devuelve se esnuca.
Gana tiene de otra cosa la doncella que retoza.
En buenas manos está el pandero que lo sabrá bien tañer.
La bebida despinta al barniz y descubre al hombre.
Dar una en el clavo y ciento en la herradura.
Quien siempre adula se quema las mangas