Bien urde quien bien trama.
Las verdades de Perogrullo, que a la mano cerrada, llamaba puño.
La mala moza, a porrazos hace las cosas.
A las penas y al catarro, hay que darles con el jarro.
Más tira un pelo del coño que todo el moño.
Fraile que pide por Dios, pide para dos.
Padecer cochura por hermosura.
Nunca ocultes nada al sacerdote, al médico y al abogado.
La buena hilandera, con el rabo del asno, hilaba su tela.
La justicia no corre, pero atrapa.
De aquí a cien años, todos calvos.
La Justicia entra por casa.
El que roba a un ladrón tiene cien años de perdón.
De alabar el diablo el fruto, vino Eva a probarlo.
Tener el juego trancado.
La tonsura el padre se las deja a los hijos.
Quien guarda su puridad, excusa mucho mal.
Dios me guarde de mis amigos, que de mis enemigos ya me cuido yo.
El perro con rabia, de su amo traba.
Mas se perdió en Cuba, y venían cantando.
Quien da lo suyo antes de la muerte, que le den con un mazo en la frente.
Hasta el mejor peluquero, te puede rayar el cuero.
Camisa y toca negra no sacan al ánima de pena.
Casarse bajo el palo de la escoba
Don López, que mata siete de un golpe.
Rubias o morenas, cuando pierden el tinte, dan pena.
Del bueno se abusa y al malo se le atusa.
En el pecado se lleva la penitencia.
Jabón e hilo negro, todo es para la ropa.
Ni fíes mujer a fraile, ni barajes con alcalde.
Fue por potros y trajo muletas ¡malhadada feria!.
Pecado de mucho bulto, no puede estar siempre oculto.
Hacer favores, empollar traidores.
Casado, pero no capado.
Un abismo llama a otro y un pecado a otro pecado.
Cuando Dios no quiere, los santos no pueden.
Gallo cantor, acaba en el asador.
Jaulas y cárceles, ni para los ángeles.
A gran pecado, gran misericordia.
La necesidad tiene cara de hereje.
Nunca hables de la soga, en la casa del ahorcado.
Barba remojada, medio afeitada.
A pan duro, diente agudo.
Hay que creer, rajar o desastillar.
Cada hombre cuerdo lleva un loco dentro.
El hombre propone y Dios dispone.
Cuando los de Anaya perdieron la mula, para unos desgracia para otros fortuna.
De cintura para arriba todos santos, y de cintura para abajo todos diablos.
Quien al cielo tira flechas, vuélvensele a la cabeza.
A quien teme a Dios de los cielos, nada le asusta debajo de ellos.