El que tarde trilla, la lluvia le pilla.
Dios sea loado, el pan comido y el corral cagado.
El que pasa por romero y no lo coge, si le viene algún mal que no se enoje.
A perro sarnoso todo son pulgas.
No entra en misa la campana, y a todos llama.
A gran solicitud, gran ingratitud.
A la mujer y al galgo, a la vejez les aguardo.
Muy estirar la Cuerda, el arco quiebra.
Ballesta de amigo, recia de armar y floja de tiro.
Récipes de médicos, opiniones de abogados, sandeces de mujeres y etcéteras de escribanos, son cuatro cosas que doy al diablo.
No hay mejor amigo que un peso duro en el bolsillo.
Reniego del amigo que me encubre el peligro.
El que buena cama hace, en buena cama se acuesta.
Amor mezclado con duro, fracaso seguro.
Dios manda la carne y el diablo a los cocineros.
Fraile junto a doncella, ojo con él y ojos con ella.
Ara con heladas, que matarás la grama.
Esta vida es un fandango, y el que no la baila es chango.
Dos compadres con una botella, dan la mejor sentencia.
Reniego del amigo, que se come solo lo suyo y lo mío conmigo.
Juego que tiene quite, no tiene pique.
Retírate, agua, y veré quien labra.
En almoneda, ten la boca queda.
Quien promete amor eterno es porque desconoce los cuernos.
No es nada que matan a mi marido.
Es mucho collar para tan poco perro.
Ya se murió el emprestar, que le mató el malpagar.
Quéjese de la muela aquel al que le duela.
La última cuenta la paga el diablo.
De una gota de un tintero ¡cuánto malo y cuánto bueno!.
Jugando, jugando, se dicen agrias verdades de cuando en cuando.
Malo es no podar pero peor es desmochar.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
Amor de monja y pedo de fraile, todo es aire.
La tortilla y la mujer, se han de comer en caliente, pues si las dejas enfriar, ni el diablo les clava el diente.
El infierno no sirve para quemar paja.
El que a mi casa no viene, de la suya me despide.
Sin el oro y la plata, todo es patarata.
Comparte la carga y ésta será más ligera.
El muerto delante y la griteria atrás.
Donde quiera que pone el hombre la planta, pisa siempre cien senderos.
Chico pueblo, grande infierno.
A quien te quiere merendar, almuérzatelo.
Ahullama no pare calabaza.
Entre puntada y puntada, una miradita a cuantos pasan.
Ingratos hacen recatados.
Por su pico, se pierde el pajarico.
El corazón del ñame solo lo sabe el cuchillo.
El que tropieza y no cae, adelanta terreno.
Tan rápido como un chisme.