Un mendigo se compadece de otro que está parado enfrente de una puerta
El avaro carece tanto de lo que tiene como de lo que no tiene.
El vino más bueno, para quien no sabe mearlo, es un veneno.
A quien presta nada le resta.
Nadie se muere dos veces.
Cuanto más violento es el amor, más violento es el dolor
A abad sin ciencia y sin conciencia, no le salva la inocencia.
¡Oh!, Virgen del buen consejo, ayúdale al más pendejo.
El corazón humano se asemeja al barco que navega sin vela. Rara vez, frente a los vientos, encuentra su camino
Pelean los toros, y mal para las ramas.
Ni amigo reconciliado ni cordero dos veces asado.
Bestia alegre, echada pace.
No digas cuatro hasta que no lo tengas en el saco
El peor enemigo es una felicidad demasiado prolongada
Perros raspan, pero la caravana passa.
Poca hiel corrompe mucha miel.
Se pasa tantas veces cerca del cementerio que al final se cae dentro
El que ofende escribe en arena; el que es ofendido, escribe en marmol.
Suegra, ni de barro es buena.
Dar carne al lobo.
Grabemos los agravios en la arena y las gentilezas en el mármol.
Los verdaderos amigos se reconocen en los momentos de necesidad
Lágrimas quebrantan o ablandan penas.
Las palabras son como las abejas: tienen miel y aguijón.
Añorar el pasado es correr tras el viento.
Más vale sardina en plato, que una sirena en retrato.
No hay mejor amigo ni pariente que uno mismo
Fuerza sin maña no vale una castaña.
Del hombre bruto, no sale ningún fruto.
A las mujeres bonitas y a los caballos buenos los echan a perder los pendejos.
Para amigos, todos; para enemigos, uno solo.
Más quiero ser de moza desdeñada, que de vieja rogada.
Ni la humildad de los pescadores ni el cinismo de los mercaderes empañaran la pureza de las perlas.
Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.
El que asierre yarumos, que aguante las hormigas.
Entre los seres que odian, deberemos vivir sin odio.
En vino y en moro, no pongas tu tesoro.
El que de muchacho no trota, de viejo tiene que galopar.
Tiene más carne un zancudo en la punta del ala.
A gato viejo, rata tierna.
El asno puede entrar en el templo, pero no por ello se convierte en monje
El cazador que persigue a un elefante no se detiene para tirar piedras a los pájaros.
Por el alabado dejé el conocido y vime arrepentido.
No importa lo el ancho y lo grueso, sino lo que dura tiezo...
Hombre probo y recio, no tiene precio.
La vida es un gorro; unos se lo ponen, otros se lo quitan.
No existe felicidad sobre la tierra que no lleve su contrapeso de desgracias
Lobos de la misma camada.
Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas.
No hay que pensar que porque los sapos brincan son de hule.