Los perros pequeños son lo que más ruido hacen.
Qué linda mata de romero, y era un cardo borriquero.
Barco amarrado no gana flete.
Yegua que no has de montar, de tu paja ni catar.
El dar y el tener, seso ha de menester.
Entre casados, valor, que ya aguantarse es amor.
La búsqueda de un tesoro no depende de ti, la búsqueda de tu alma depende de mi
Gorrino que en la mesa chilla, ya está oliendo a morcillas.
La zorra muda de pelo, pero de costumbre no.
Es más inútil que cenicero de moto.
Alábate, mierda, que el río te lleva.
Para ser puta con chancletas, más vale estarse quieta.
El vulgo no repara en quien es majadero, sino en quien tiene dinero.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.
Por un clavo se pierde una herradura.
No te fíes del perro que cojea, ni de la mujer que lloriquea.
El que no tiene nada que decir, suele hablar de más.
Cuando la piedra ha salido de la mano, pertenece al diablo.
Se halla en gran peligro el que, estando enfermo, cree en verdad estar sano.
A maestro de espada, aprendiz de pistola.
Más tiran nalgas en lecho que bueyes en barbecho.
No lleva ya vida honesta, la que con varios se acuesta.
No hay mejor condimento que el hambre.
Caballo viejo no soporta montura nueva.
Rico es el que nada desea y el que nada debe.
Un arma es un enemigo para su dueño.
Amigo traidor, una buena cuerda y colgado al sol.
Las lagrimas de las mujeres valen poco y cuestan mucho.
La paciencia es el mejor escudo contra las afrentas.
Ni amigo reconciliado, ni café recalentado.
Cuando un perro se ahoga, todos le dan de beber.
Echa un cacho de honradez al puchero, y verás qué caldo sale.
Lo que promete con el vino, se olvida por el camino.
Que tengas calor en tu iglú, petróleo en tu lámpara y paz en tu corazón.
El ojo del amo engorda al caballo.
Te conozco mascarita
Como Marzo vuelva el rabo, ni queda pastor ni ganado.
Los puñales y las lanzas no son tan afilados como las palabras.
Si no puedes ganar dinero en la bolsa, ten miel en la boca.
A la pereza persigue la pobreza.
La viuda que se arrebola, por mi fe que no duerme sola.
A quien hace mal, uno, al lisonjero, ninguno.
Ninguno pierde jugando lo que gano cavando.
Buena cautela, iguala buen consejo.
Por mucho que la paz cueste, nunca es cara.
Ofensa hace a los buenos quien a los malos perdona.
Llevar fuego en una mano y agua en la otra
Mal está el ama, cuando el barbero llama.
El queso es sano que da el avaro.
A la larga, el galgo a la liebre mata.