El que se apura llega tarde.
Amigo y casa vieja, para otro los deja.
Es como llevar leña para el monte.
Callar y callemos que todos de barro semos.
Huevos solos, mil manjares y para todos.
A chica cama, échate en medio.
Vino en jarro quiero; que no me sindiquen lo que bebo.
Donde pan comes migas quedan.
El rocín, para polvo; la mula, para lodo; el mulo, para todo.
Borregos al anochecer, charcos al amanecer.
Arco iris al amanecer, agua antes del anochecer.
Quien siembra llorando, siega cantando.
A todo coche, le llega su sábado.
Ni cabalgues en potro, ni alabes tu mujer a otro.
A fuerza de palos, como borrico de yesero.
¿Qué echa al hombre de casa? Humo y mujer brava.
A quien mucho miente, le huye la gente.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
Vergüenza y virgo perdidos, por siempre idos.
Viejo con mujer hermosa, mala cosa.
Putas viejas, al mercado, que ya el pie se ha despertado.
Zarajo y ajo arriero, en Cuenca lo primero.
Abre la boca que te va la sopa.
Cada cosa a su tiempo, y los nabos en adviento.
Puerco que no grita cuchillo con el.
La uva de Torrentes ni la comas ni la des; para vino buena es.
Mujer pecosa, mujer hermosa.
¿A un "¡toma!", ¿quién no se asoma?.
Hace más el que quiere que el que puede.
Si quieres que algo se haga, encárgaselo a una persona ocupada.
A Dios rogando y con el mazo dando.
Con la que entiende de atole y metate, con ésa cásate.
Ocasión y tentación, madre e hija son.
Quien hace leña en ruin lugar, a cuestas la ha de sacar.
A la mujer y a la suegra, cuerda.
Atáscate, que hay lodo.
A quien te deja en cuita, no lo quieras en trebejo.
A hombre de dos caras, rayo que lo parta.
Hombre precavido, sabe el horario del marido.
El vino para los reyes y el agua para los bueyes.
A las cosas ciertas encomendaos y de vanas esperanzas dejaos.
Hacérsele a uno algo cuesta arriba.
Yo a vos por honrar, vos a mí por encornudar.
Dentro del cielo tú forjas tu designio. Lo decretarás: ¿acaso te hastíes y aquí nos escondas tu fama y tu gloria en la tierra? ¿Qué es lo que decretas?
El que se apura, poco dura.
El buey conoce a su dueño y el burro el pesebre de su señor.
A fuerza de martillar, el herrador deja de herrar.
Variante: En casa llena, presto se hace la cena.
Al fuego y al fraile no hurgarles.
El diecisiete de enero piden por sus animales desde el pastor al yuntero.