Al comer, comamos, y al pagar, a ti suspiramos.
Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido.
No es oro todo lo que reluce.
El que tal ha padecido, ése se compadece del doliente y del herido.
Siempre hay un roto para un descosido.
Bien gobernar y no mucho bailar.
Casa sin hijos, higuera sin higos.
Lo que no pensé antes de hablar, después de hablado me da que pensar.
Mujer hermosa y buena espada, de muchos son codiciados.
Tu principal heredero, tú mismo debes serlo.
Atiende más a la mirada del sabio que al discurso del necio.
Ni compres de ladrón, ni hagas lumbre de carbón.
Cuando dos pleitean, un tercero se aprovecha.
Todo lo que no se da, se pierde.
Aquellos que tratan por separado la política de la moral, no entenderán nunca ninguna de las dos
Se ve la paja en el ojo ajeno y no se ve la viga en el propio.
Si eres clemente, serás feliz siempre.
Al fuego y al fraile no hurgarles.
Mujer ordenada, con poco lleno su casa.
Haciendo y deshaciendo se va aprendiendo.
El que amenaza, pierda la ocasión de la venganza.
Buena cuenta es toma y daca, y todas las demás, caca.
Si hay armonía en la casa, habrá orden en la nación.
Una respuesta amable mitiga la ira.
Para tener paz en casa cuando llega el marido todo debe estar limpio.
Tirar la piedra y esconder la mano.
La belleza y lozanía, son flores de un solo día.
Aguja, sastre y dedal, os darán por medio real.
Juez cabañero, derecho como sendero.
A cavador perucho, si le dieres algo, que no sea mucho.
Ni higos sin vino, ni pucheros sin tocino.
Haber de todo, como en botica.
Bien sabe lo que dice el que pan pide.
No pongas a tu mejor amigo en la disyuntiva de tener que elegir entre ti y una cruz de caballero
Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.
Hay que leerle la cartilla.
Comer se ha de hacer en silencio, como los frailes en sus conventos.
No juzgues el barco desde tierra
Que no pertenezca a los demás quien puede ser solo suyo
¿A un perdido, quién lo pierde?.
Hoy te lo dice tu amiga.
Para quien es mi hija, basta mi yerno.
Un beso robado no se devuelve fácilmente.
A cada día su pesar y su esperanza.
Solo los necios y los tontos tiran piedras a su propio tejado.
De mi maíz ni un grano.
Tres pocos valen más que muchos: poco sol, poca cena y poca pena.
No se hace la boda con hongos, sino con buenos dineros redondos.
Porrazo no es desconsuelo, sino quedarse en el suelo.
El buen hijo vuelve a casa y cuenta lo que le pasa.