Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. Proverbios 3:1-2
Hay que ver para creer.
Yo que me callo, me quedo sin gallo.
Paga lo que debes, sanarás del mal que tienes.
Yo comienzo por hacer la guerra. Ya se encargarán los políticos de demostrar que era justa.
No hay mayor pena que perder a una mujer buena.
Imite y supere el envidioso al envidiado; más que él será elogiado.
A veces perdiendo se gana.
A buen señor, buena demanda.
De mujer que es madre, nadie nunca mal hable.
Ya lo dice el refrán: pasa hambre el que no tiene pan.
Lo que uno no quiere, el otro lo desea.
Ira, miedo y celos fieros, son muy malos consejeros.
Hablar a tontas y a locas.
Si quieres tener dinero, tenlo.
Ofensa hace a los buenos quien a los malos perdona.
De nada sirve lo ganado, si no está bien empleado.
Hombre viejo no necesita consejo.
Hombre casado, burro domado.
Jurado tiene el espejo no hacer bonito lo feo, ni joven lo viejo.
Es sorprendente lo que no obtienes cuando no pides.
La felicidad viene a la casa donde se ríen.
Hiérese el cuerdo, porque no se ahorque el necio.
Ser rico y privarse, no es ser rico, sino guardián de equipajes.
A mi, mis timbres.
Como quien no quiere la cosa, y la cosa queriendo.
Buen trago, que el difunto no vuelve.
Hacer la del cura Gatica; predica pero no practica.
No hay mejor amigo que un peso duro en el bolsillo.
No des la hacienda antes de morir, que los tuyos te harán sufrir.
Al roble no le dobles.
Paciencia piojo que la noche es larga.
Lo que la naturaleza no te da Salamanca no te lo presta.
Virtud da la vida y el vicio la quita.
Una regla tiene el juego, para siempre ganar: no jugar.
Al hombre inocente, Dios le endereza la simiente.
Si un hombre te dice que pareces un camello, no le hagas caso; si te lo dicen dos, mírate un espejo.
El solo decir te quiero, no logra amor duradero.
Quien administra hacienda ajena, no se acuesta sin cena.
Una cosa es predicar y otra distinta dar ejemplo.
La oportunidad no toca dos veces a la misma puerta.
No muestres, ni al más amigo, los lunares de tu ombligo.
La alegría es un tesoro que vale más que el oro.
Ante la desgracia y el dolor, ten un poco de gracia y humor.
El que menos sabe suele ser el que más presume.
Entre los amores verdaderos, el más fino es el primero.
Alfayate que no hurta, poco medra con la aguja.
Se empieza por avergonzarse de un vicio y se acaba alardeando de él
Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido.
El amor y los celos son compañeros.