Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
El solo querer es medio poder.
Un hombre es tan sabio cuanto a su cabeza, no cuanto a sus años.
Mujer precavida vale por dos.
Ninguno se embriaga del vino de casa.
Enero, soy caballero, según lo encuentro, lo llevo.
Ignorante y burro, todo es uno.
Dádiva forzada no merece gracias.
El hombre de carácter atraviesa mil ríos sin mojarse los zapatos
El mejor maestro, el tiempo; la mejor ciencia, la experiencia.
En una empresa orientada a los productos estándares, uno es tan inteligente como el competidor más tonto.
Al loco y al fraile, aire.
Hacer como el carpintero: medir dos veces, para cortar una vez.
El beber es el placer, y el pagar es el pesar.
Los cirujanos deben tener ojo de águila, corazón de león y mano de mujer.
A buen servicio, mal galardón.
Una sola vez no es costumbre.
Las cosas caen por su propio peso.
Cada tierra bien su fruto lleva; más no el que tu quieras.
Aunque la traición place, el traidor se aborrece.
Amistad fundada en el vino dura como el vino; solo una noche
Echad los prejuicios por la puerta: volverán a entrar por la ventana.
Mujer desnalgada es hombre.
Al desdichado, poco le vale ser esforzado.
Más vale hacer frente al peligro una vez que vivir siempre con temor.
El que se ríe a solas de su maldad se acuerda.
Amigo de muchos, amigo de ninguno.
Callar y callemos, que los dos porque callar tenemos.
La gente obtusa, tan sólo vale las joyas que usa.
La práctica hace al maestro.
El sabio no dice lo que sabe y el necio no sabe lo que dice.
A quien con malos anda no le arriendo la ganancia.
Ningún amigo como un hermano, ningún enemigo como un hermano.
Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena.
Ni al niño el bollo, ni al santo el voto.
Un hombre, una palabra; una mujer, una carretada.
La suerte es de los audaces.
Mujer sin varón, ojal sin botón.
Mi casa y mi hogar, cien doblas val.
Inteligencia y belleza: gran rareza.
A liebre ida, palos al cubil.
Antes de casarte abre bien los ojos, después cierra uno.
Amar y saber, todo no puede ser.
El hombre que consigue ver las cosas pequeñas tiene la mirada limpia.
Hasta ajustar, regatear.
A caballo regalao no se le mira el cormillo.
Las manos en la rueca, y los ojos en la puerta.
El tahúr no juega limpio.
Entre el si y el no de una mujer, no cabe ni la cabeza de un alfiler.
Quien no valora la vida, no se la merece.