Las palabras se las lleva el viento.
Hace más el que quiere que el que puede.
A Dios y a su altar, lo mejor has de dar.
Ni hagas cohecho ni pierdas derecho.
El hombre casado, ni frito ni asado.
Al agradecido, más de lo pedido.
Agua, como buey; y el vino, como rey.
A cabo de cien años, marido, soy zarco o calvo.
Es como tener un tío en Alcalá, que ni tienes tío, ni tienes na.
A la chita callando, hay quien se va aprovechando.
De dineros y bondad o, calidad, quita siempre la mitad.
Favor con favor se paga
A putas y ladrones nunca faltan devociones.
De casta le viene al galgo.
Cierra tu puerta y alaba a tus vecinos.
Muchachada discretas, no muestran las tetas.
Rogar a Dios por los santos, más no.
Pedir peras al olmo.
A las obras me remito.
Un hombre tiene la edad de la mujer a la que ama.
Qué buenos semos, mientras comemos.
A brutos da el juego.
Naipes, mujeres y vino, sacan al hombre de tino y lo llevan por el mal camino.
Beber, hasta la hez.
El matrimonio es como el framboyán, primero vienen las flores y después vienen las vainas.
Profesor que usa estaca, malos alumnos saca.
Santa tú y santo yo, el diablo nos juntó.
A toda ley, ama a Dios y sirve a tu rey.
Quien guarda bien su dinero, no peca por cicatero.
A quien habla a tus espaldas, el trasero le responde.
Que dulce queda la mano al que da.
Asi joven supiera y el viejo pudiera.
Más aburrido que bailar con su hermana.
Riña de amantes, agua referescante.
Más son los que han tenido que arrepentirse de hablar que de guardar silencio.
Palabra dada, palabra sagrada.
Riñen los amantes y quiérense más que antes.
El agua para los bueyes y el vino para los reyes.
Al pan se arrima el perro.
Los perros abren los ojos a los 15 días, los pendejos nunca.
Abájanse los adarves y álzanse los muladares.
Faldas largas, algo ocultan.
Quien casa con mujer bella, de su honra se descasa.
El que se pica, ajos come.
De la boca del ladrón, todos lo son.
A falta de manos, buenos son los pies.
Abad, judío y madona, jamás perdonan.
Bien me quiere mi suegra, si de mi mal no se alegra.
A tal puta, tal rufián.
Los que duermen bajo las mismas sábanas aprenden a hablar con la misma boca