Ninguno do otros es señor si no lo es del corazón.
Juramentos de amor y humo de chimenea, el viento se los lleva.
Da Dios alas a la hormiga, para morir más aína.
La mujer hermosa es peligrosa.
Humildad y fiereza, todo en una pieza.
Por San Matías igualan las noches con los días y pega el sol en la umbrías.
Si vas a la guerra, reza una vez; si vas al mar, reza dos, y si te vas a casar reza tres.
A gran calva, gran pedrada.
Prefiero mujer fea para mi sólito y no bonita para todo el mundo.
De morir hay mil modos; de nacer uno solo.
Cada ollero alaba su puchero.
La alegría es don de Dios y bondad del corazón.
Capa de pecadores es la noche, señores.
Plata de cura, ni luce ni dura.
El que camina, no estorba.
A la mujer, el hombre la ha de hacer.
Ha de salir la corneja al soto.
De la mujer, la limpieza se conoce en la cabeza y en los pies.
Echa cuentas y te saldrán rosarios.
Quien supo esperar, llega a triunfar.
Al amigo que no es cierto, con guiño de tuerto.
Dicho popular español; alusivo al edificio de la Real Casa de Correos en Madrid, cuya construcción se confió al arquitecto francés Jaime Marquet, que había venido a arreglar el pavimento, mientras el arquitecto municipal Ventura Rodríguez se encargó del empedrado.
La belleza atrae, el talento retiene y el corazón sostiene.
Pájaro y flor, en abril buscan su amor.
La ansiada numisma, no se hace ella misma.
Muchachada discretas, no muestran las tetas.
Niebla en el valle, labrador a la calle.
El llanto sobre el difunto.
El Abad de Bamba, lo que no puede comer, dalo por su alma.
A donde va la gente, va Vicente.
Por San Antón, la gallina pon.
Con firme voluntad se llega al triunfo.
Trabajar es virtud; pero trabaja tú.
Cara de enferma y culo de sana.
El arenque cuelga de sus propias agallas
De buena semilla, buena cosecha.
Un ojo al gato y otro al garabato.
De los vivos mucho diezmo, de los muertos mucha obada, en buen año, buena renta, y en mal año, doblada.
Quien la inmortalidad logró, hace tiempos que se murió.
Clérigo de noche, villano en gavilla y gitano en cortés, lejos los tres.
El orgullo ciega por unos instantes, dejando recuerdos indelebles
Valiente es el ladrón que lleva una lámpara en su mano.
Cántaro roto para tiesto vale.
Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana.
Ni reprender ausentes, ni adular presentes.
A los curas caso omiso, y para mí un buen piso.
De alabar el diablo el fruto, vino Eva a probarlo.
En San Antonio, la vieja tiró el carrete al fuego.
Zurrón de mendigo, nunca bien henchido.
Nunca se pierden los años que se quita una mujer; van a parar siempre a cualquiera de sus amigas.