Dicho popular español; alusivo al edificio de la Real Casa de Correos en Madrid, cuya construcción se confió al arquitecto francés Jaime Marquet, que había venido a arreglar el pavimento, mientras el arquitecto municipal Ventura Rodríguez se encargó del empedrado.
Análisis y Reflexiones
🧠 Interpretación Profunda
Este proverbio, que alude a la construcción de la Real Casa de Correos en Madrid, critica la asignación inadecuada de tareas o responsabilidades, donde se confía un trabajo importante a alguien que no es el más idóneo (el arquitecto francés para la obra principal), mientras que un experto local (el arquitecto municipal) es relegado a una labor menor. Simboliza la falta de criterio, el desprecio por el talento local o la mala gestión, donde se prioriza a un foráneo o a alguien con menos méritos para una tarea de mayor envergadura.
💡 Aplicación Práctica
- En el ámbito laboral, cuando se asigna un proyecto clave a un empleado recién llegado o menos experimentado, ignorando a un veterano capacitado.
- En política o administración pública, al otorgar contratos importantes a consultores externos sin considerar a expertos internos perfectamente capaces.
- En la vida cotidiana, como cuando se encarga una reparación compleja en el hogar a un 'manitas' inexperto, mientras un profesional cualificado realiza trabajos simples.
📜 Contexto Cultural
Se refiere a un hecho histórico del siglo XVIII en Madrid. En 1766, se encargó la construcción de la Real Casa de Correos (actual sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid en la Puerta del Sol) al arquitecto francés Jaime Marquet, quien originalmente había venido para arreglar el pavimento. Mientras, el prestigioso arquitecto español Ventura Rodríguez, que era el arquitecto municipal, solo se ocupó del empedrado de las calles. Esto generó críticas por desaprovechar el talento local.